#Chispazos de formación 12: controlar o gestionar emociones

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“Tienes que aprender a controlarte”. ” Tu tienes que controlar a las emociones y no ellas a tí”. “Controlate, que no se te note que estás …….(pon tu la emoción que más te apetezca)”.

¿Te suenan estas frases? A mí si. Durante mucho tiempo las escuché.

Durante bastante tiempo y hasta el auge de la Inteligencia Emocional, las emociones han estado relegadas y proscritas al más oscuro de los rincones que las personas podemos tener.

Recuerdo, en mi primer trabajo, haberme encerrado en el baño a llorar como una descosida unas cuentas veces tratando de ocultarme de las miradas reprochadoras de mis compañeros de trabajo cada vez que mi jefe me utilizaba como un “punching ball” dialéctico. Recuerdo sus caras de auténtico horror cada vez que veían que mis lágrimas empezaban a asomarme y como me decían “tragatelas”, “es que vas a llorar por cualquier cosa”.

De aquella época recuerdo como las emociones me superaban y me resultaba difícil poder  frenar algunas de ellas que parecía que adquirían vida propia.

Después de aquello opté por tapar mis emociones, tratando de que no se notasen. Llegué a sentirme muy orgullosa de ello. Era capaz de controlarlas y ellas no me controlaban a mí. Me sentía muy bien sabiendo que yo las controlaba a ellas. Tanto las controlaba que empecé a tener fama de ser fria y distante. Casi no sonreía, ni me emocionaba. Y si lo hacía procuraba que fuese en privado para que nadie me viese.

Años después descubrí, con gran alivio por mi parte, la diferencia entre controlar y gestionar emociones.

Fue durante mi formación con John McWhirter en la Universidad de Valencia. Y aquello me permitió poder dejar de controlar para entender mis emociones y saber cómo funcionan.

A primera vista puede parecer una diferencia sutil. Sin embargo tiene mucha más importancia de lo que parece.

De aquella formación he podido extraer las siguientes diferencias sobre controlar o gestionar las emociones:

– Cuando controlamos, normalmente lo que solemos hacer es reprimir una emoción que, desde nuestro punto de vista, está desasjutada por su desmedida reacción. Eso es lo que pasa cuando se nos saltan las lágrimas sin poder evitarlo ante situaciones que, aparentemente, no revisten la suficiente envergadura como para que suceda esa reacción.

Conviene recordar, llegados a este punto, que las emociones son reacciones psicofisiológicas de tipo adaptativo a los estímulos que recibe una persona, sean del tipo que sean.

En cambio cuando gestionamos nuestras emociones somos plenamente conscientes de lo que nos sucede y sabemos qué tipo de emoción tendremos en función al tipo de estímulo que recibimos.

– Cuando controlamos nuestras emociones lo que único que percibimos es una emoción que nos parece incontrolable y sobre la que no podemos hacer nada, una vez que ha hecho su aparición.

En cambio, cuando gestionamos nuestras emociones sabemos de qué manera construimos esa emoción y los signos físicos que la acompañan. Eso nos permite poder saber en  qué punto nos encontramos cuando empezamos a notarla y nos permite hacer modificaciones para que nos resulten más beneficiosas.

– Algo muy habitual que sucede cuando controlamos nuestras emociones es que dirigimos nuestros esfuerzos a tapar esa emoción que no nos gusta y que no nos hace sentir bien; es decir, nos estamos centrando en la parte negativa de la emoción.

Cuando gestionamos nuestras emociones podemos ver todas las caras de la emoción, para aprovechar la que más nos interese en función a nuestra situación. En definitiva, podemos ver que junto con esa emoción pueden aparcer otras que, de otra manera podrían pasar desapercibido al estar centrándonos sólo en un aspecto.

¿Controlar o gestionar? tu decides

Hoy seré el maestro de mis emociones. Og Mandino.

Isabel Iglesias


17 thoughts on “#Chispazos de formación 12: controlar o gestionar emociones

  1. ¡Que bueno que podamos hablar de liderazgo , de empresa y de formación sin relegar el mundo de las emociones a un lado!
    Como si sólo fueran un incordio o un obstaculo más para nuestros objetivos profesionales (que no creo que puedan disociarse de los personales de forma saludable).
    Es alentador ver que la cabeza y corazón se pueden dar la mano y sumar capacidades. No nos enseñaron a respetar, entender y gestionar nuestras emociones….pero de alguna forma llegamos a entender que están ahí para bien y que escucharlas nos invita a conocernos.
    Y conocernos nos permite admitir errores y trabajar para mejorar…en todos los planos.

    “De nada servirán las revoluciones sociales y culturales si primero no hay una revolución interior” . Krishnamurti

    Saludos a todos!
    Marta Roman Sanmartí

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    1. Hola Marta:
      Cada vez más necesitamos ser conscientes de nuestras emociones. Me gusta pensar que quien lidera lo hace con el corazón y la cabeza y el que dirige lo hace sólo con la cabeza.Por mucho que nos empeñemos las emociones forman parte de nuestras vidas, aunque hay gente que prefiere vivir a espaldas a ellas. Lo bueno que tienen las emociones es que siempre están ahí, y cuanto mejor las conozcamos más posibiidades tenemos de vivir alienados con ellas, sin necesidad de esconderlas.
      Gracias por pasarte.

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  2. ¡¡¡Maravilloso¡¡¡. Como tú dices, la línea que separa ambos conceptos puede parecer fina y sin importancia, pero es básica para la inteligencia emocional y, por tanto, para una adecuada gestión de las personas.
    Me reconozco en tus inicios (iguales que los míos en ese sentido de intentar aparentar una frialdad que ni me pertenece ni la quiero); y aún hoy, hay veces que me cuesta mucho gestionar bien lo que siento y, sobre todo, como lo expreso.
    Creo que debemos educar y educarnos -desde la infancia- en la necesidad de gestionar y no reprimir. Tengo una amiga que perdió a su madre cuando sólo tenía meses; y siempre dice que tiene el doble dolor de no sentir los besos y abrazos de su madre y los de su padre, porque a éste no le parecía muy “masculino” demostrar cariño. Eso me inspira tanta ternura que cada vez que la veo (aunque haya estado con ella dos horas antes) tengo que abrazarla.

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    1. Gracias Myriam por contar la anécdota de tu amiga. Me parece de una gran ternura.
      ¡Qué casualidad que hayamos transcurrido por caminos tan similares!. Soy de la opinión de reivindicar las emociones y enseñarlas públicamente.
      Cuando me estaba formando en PNL pude aprender mucho sobre las emociones propias y las ajenas. Fue un redescubrimiento de algo que llevaba muchos años oculto. Desde aquello me prometí a mí misma que tendrían el sitio que se merecen. Curiosamente desde que aprendía a gestionar mis emociones, a nivel profesional, he conseguido mucho mas que cuando las controlaba.
      Gracias Myriam por tenerte por aquí. Ya sabes que me encanta leerte.

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  3. Sí arrancaran de los sentimientos la sensibilidad la valentía jamás hubiera triunfado. Sín la ternura que despierta la sensibilidad no se hubiera dado con la formula perfecta de la creatividad. Me ha gustado mucho.

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  4. ¡¡Eres buenísima!! En estas cuestiones queda muchísimo por hacer. Tal y como apunta Daniel, venimos de unas épocas en las que mostrar emociones era de personas débiles y cuando eres una persona sensible, inteligente y empática, el sufrimiento es constante y aún más, cuando todo a tu alrededor es represión e incomprensión, a mí me paso y entre otras, una de sus consecuencias fue la obesidad, pero llega un día en que te hartas de llevar el “nudo el estomago” continuamente y te preguntas: ¿Esto es vivir? ¿Qué estoy haciendo mal? ¿Donde está el origen, soy yo o qué? ¿Qué hay que eliminar?… Saludos y muchas gracias primor.

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    1. Gracias Gustavo por el piropo!!!. Es un lujo tenerte en mi comunidad la verdad.
      La gestion de las emociones es una de las más complicadas, por no decir que la más.
      Cuantos de nosotros hemos sufrido por cuestiones como las que tu comentas hasta que un día decides tomar las riendas de tu vida, y cambiar ese malestar por una emoción más agradable.
      Nos queda mucho por aprender del campo de las emociones. Yo de momento practico todos los días y cuando me apetece llorar lo hago, sin importarme lo que los demás piensen.

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  5. ‘Los chicos no lloran, tienen que pelear’. De la represión de las emociones sabemos mucho los hombres de mi generación (1968). Tenemos que trabajarnos interiormente para cambiar las falsas creencias que nos siguen atenazando.

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    1. Hola Daniel: como tu dices, los hombres de tu generación lo teneís doblemente difícil. Por un lado teneís que quitaros de encima una losa inmensa y además adaptaros a la nueva realidad emocional.
      Y a eso le sumamos que tenéis hijas que seguro que os enseñan todos los días lo que es ser emocionalmente inteligentes casi de forma innata.
      Gracias por pasarte.

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  6. La verdad es que trabajar con John McWhirter no es en absoluto el tipo de experiencia que le deja a uno indiferente. Tuve la suerte de conocerle y escuchar de primera mano su presentación de DBM y de su fascinante modelo fractal en Granada hace ya unos años… y de cenar con él y unos amigos con vistas a la Alhambra. Fué fascinante (lo uno y lo otro).
    Volviendo a la entrada, haces un matiz al que no se suele dar la atención que merece y eso hace que sea (a mi entender) una entrada importante y digna de tener en cuenta. El “control” emocional produce sufrimiento, mientras que la “gestión” emocional es una de las claves del ámbito interno o personal de la Inteligencia Emocional.
    Tu artículo es claro y preciso a la hora de analizar las diferencias. Muy recomendable.
    Gracias, enhorabuena y un cordial saludo.

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    1. ¡Qué sorpresa José! No tenía ni idea que conocías a John y la DBM. Yo me formé dos años con él y te puedo asegurar que ha sido una de las mejores experiencias. John es todo generosidad con sus conocimientos. En esos dos años aprendí más de mí misma y del funcionamiento de las personas a través de sus modelos que en muchos años. Además normalmenate uso sus modelos en coaching ya que me dan muy buenos resultados.
      El tema de las emociones lo trabajé con él en un taller específico que dió y fue de lo mejor que he encontrado. No tenía ni idea de cómo construía mis emociones ni otras muchas cosas que aprendí.
      Por eso cada vez que veo la palabra control junto con las emociones, me chirría todo.

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