No me despidas: soy yo el que se va

Durante los años que he trabajado por cuenta ajena uno de mis mayores miedos era el que me despidiesen.

Hasta que llegó el día en que ese miedo se convirtió en una realidad.

Pese a que fue una experiencia muy dura y, además, me cogió justo en el inicio de la crisis con lo que todavía no nos habíamos acostumbrados a los despidos masivos de los años posteriores, considero que fue una experiencia que me aportó bastante.

Lo cierto es que después de aquél despido mi percepción sobre lo que significaba éste cambió radicalmente.

Había un aspecto que me llamaba mucho la atención de esa época y tenía que ver con cómo las empresas seguían usando el tema del despido. Era como algo que sobrevolaba de forma constante en el día a día.

Algunos responsables, mandos intermedios e incluso directores generales lo usaban de forma velada, y otras veces no tan sutilmente, para decirte claramente que esperaban más de ti o que había que trabajar más horas o que había que aceptar por el artículo 33 una reducción salarial o cualquier otra cosa que pretendiesen que hiciésemos los empleados y que claramente no queríamos.

Era una forma más de presión, de ejercer ese estilo de liderazgo, por llamarlo de alguna manera, que se basa en la posibilidad de sufrir un castigo si no hacías lo que se esperaba de ti.

El problema era que  en ocasiones se tiraba tanto de la cuerda que al final se rompía y el empleado, cansado de este tipo de chantaje emocional, constante y continuo, terminaba por buscarse un empleo en otra empresa esperando que en esa nueva organización no se utilizase este tipo de artimañas para poder conseguir que los empleados estuviesen, digamos, “comprometidos”.

El resultado de este tipo de prácticas llevamos viéndolo ya un tiempo:

  • Los empleados aguantan todo lo que pueden en su actual puesto de trabajo hasta que consiguen uno nuevo y se marchan. Hace unos meses se publicó un informe donde se reflejaba que las bajas voluntarias se habían quintuplicado en el año 2016. Y lo más lógico es que este año ese dato no haga sino crecer, si tenemos en cuenta la mejora de la situación empresarial, de la economía y la más que evidente reactivación del mercado laboral.
Fuente: Informe dinamismo laboral IESE y Meta4
  • El nivel de compromiso de los empleados para con la empresa desciende hasta los niveles más bajos. Si pensamos en que una empresa usa este tipo de prácticas de forma habitual, es lógico pensar que  los empleados no tengan ningún interés en poner su talento al servicio de una organización que lo considera como una mera pieza intercambiable.
  • El miedo como modelo de gestión y dirección de personas tiene un “pequeño” gran problema: llega un día en que las personas dejan de tenerlo y dejará de ser efectivo con lo que no es extraño que se produzca una huída masiva de esa organización.

Y lo que es peor de todo: esta situación de fuga de talento no ha hecho más que empezar.

Ya no despedimos: ahora son ellos los que nos dejan

No hace mucho un director de una empresa me decía que, a diferencia de lo que había ocurrido un tiempo atrás ya no se estaba despidiendo en la empresa, con lo que se sentía bastante aliviado en ese sentido ya que los años de crisis habían sido muy duros en cuanto a desvinculaciones se refiere. Sin embargo estaba francamente preocupado por el hecho de que cada vez más se estaba encontrando bajas voluntarias día sí y otro también. “Ya no despedimos. Ahora son los empleados los que nos dejan”, me decía, con todo lo que eso supone a nivel de fuga de talento.

El problema hoy en día es que muchas organizaciones han “jugado” tanto con el tema del despido que en cuanto el mercado se ha reactivado se están encontrando con verdaderas huidas y fugas de talento.

Una sangría que, desde mi punto de vista, pocas empresas pueden permitirse ya que resulta difícil pensar que una organización vaya a ser capaz de dar un buen servicio o generar buenos productos si no hay personas detrás que estén dispuestas a poner su talento al servicio de estas.

Si hay algo que nos ha aportado la crisis económica es el hecho de que, en general, el despido se haya visto como algo normal dentro de la relación laboral, a diferencia de lo que sucedía con anterioridad donde se pensaba en el despido como en una especie de losa y estigma del que era difícil librarse por la sensación de que “algo malo habrá hecho”, sobrevolaba de forma incesante en las cabezas de quienes reclutaban.

 

Los empleados empiezan a asumir que tienen el poder; el poder de decidir dónde quieren trabajar

Una de las cuestiones que empezamos atisbar de forma cada vez más clara es que los empleados, los colaboradores, las personas en general empezamos a ser conscientes de que tenemos el poder de elegir con quién, cómo y dónde queremos trabajar.

Durante mucho tiempo los empleados han tenido una capacidad de decisión muy mermada: “es lo que hay; o lo tomas o lo dejas” solía ser una frase que tantas empresas y profesionales del área de recursos humanos o que se dedicaban a la gestión de personas solían usar, conocedores del poder que tenían en esos momentos ante la parálisis de un mercado de trabajo que agonizaba por días.

Y llegados a este punto es posible que te preguntes cómo podemos tener ese poder de decidir dónde queremos trabajar como profesionales.

Aquí te dejo algunas ideas:

  • Ten muy claro cuál es tu propuesta de valor como profesional: pregúntate a ti mismo ¿quieres ser uno más o algo más? es crucial hoy en día poder diferenciarnos de otros profesionales similares a nosotros y tener muy claro qué problema soluciono o por qué querría una empresa contratarnos. De lo que se trata, en definitiva, es de poder ser consciente de nuestras fortalezas y trabajarlas hasta el punto de que se convierta en algo de valor para una gran mayoría de empresas.
  • Define tu estrategia a la hora de buscar/cambiar de empleo: hace un tiempo es posible que no tuviésemos más remedio que aceptar un trabajo con el que no nos sentíamos muy cómodos porque no nos quedaba más remedio. Sin embargo, lo que me suelo encontrar hoy en día es que los candidatos saben dónde quieren trabajar, en qué tipo de empresa, con qué valores. Y para eso es fundamental poder recabar toda la información posible que existe sobre una empresa concreta: su propuesta de valor al empleado, qué comunican en las redes sociales, qué dicen sus empleados y ex-empleados sobre ellos, cómo son sus procesos de selección…
  • Decide dónde quieres trabajar y ve a por ello; no esperes a que sean las empresas las que contacten contigo. Hace unos meses, una persona de mi red me contaba cómo se había interesado en una posición de una empresa y, gracias a LinkedIn, consiguió una entrevista de trabajo. Al final consiguió el puesto de trabajo. ¿Suerte? no. Usó las redes sociales para conseguir su objetivo, obteniendo información del puesto y de las personas clave en el proceso de selección. Si esperas a que ese trabajo maravilloso llegué a ti como por arte de magia, lamento decirte que eso no suelo suceder. La proactividad hoy en día es esencial. No podemos seguir cruzados de brazos esperando a ver qué se publica en el portal de empleo de turno.

¿Y a ti? ¿se te ocurren más ideas para poder decidir dónde quieres trabajar?

Isabel Iglesias


2 thoughts on “No me despidas: soy yo el que se va

  1. Buenas tardes, Isabel.

    Muy buen artículo (como de costumbre).

    A decir verdad, esta situación que describes en tu post, no conducen a extrañeza a quien esto suscribe. En absoluto. Por otra parte, valga por adelantado que cuanto voy a decir no pretende ser una crítica furibunda al personal de RRHH ni asimismo sentar ninguna suerte de verdad absoluta. Puesto que la cuestión relativa a propósito de porqué el personal comprometido y/o talentoso se marcha de las empresas es un fenómeno complejo, y la casuística está repleta de matices. Dicho lo cual, entremos de plano en el tema.

    A lo largo de tu exposición has aludido al miedo en cuanto poderoso “instrumento” de persuasión-disuasión, que, al abrigo de los peores momentos de crisis económica, desplegaba todo su esplendor. Ahora bien, en humilde opinión, hay algo más que ha contribuido a que los candidatos se la tengan “guardada” a la empresa y que también ha sido una práctica poco ortodoxa.

    Al respecto, establecer requisitos poco razonables para el puesto (al estilo “carta de reyes magos” -que, dicho sea de paso, hace tiempo que hiciste un post sobre ello-), por un lado, y que aquéllos no solo no guarden correspondencia con las condiciones laborales ofrecidas sino que también la empresa incurre en abusos, por otro lado, solo conduce a que el candidato/empleado albergue un resentimiento. Resentimiento que, cual bola de nieve, se va haciendo más y más grande con el tiempo.

    Y, lo más hiriente para el candidato, no es tanto el hecho per se de que la empresa ofrezca X condiciones laborales, sino que aquélla es plenamente consciente qué condiciones ofrece, aprovechándose de su situación o circunstancias. Y dicho candidato tiene que agachar las orejas y aceptar un “sí”, en respuesta al clásico aserto del profesional de RRHH de “queremos gente comprometida, que mire más allá del dinero” (cuando, en el fondo, de lo que se trata, es de conseguir caviar a precio de cacahuetes, aprovechándose del mal momento del mercado o situación de necesidad del candidato).

    Es probable, no obstante lo anterior, que el profesional de RRHH, en su fuero interno, tenga su propia opinión y criterio profesional y se vea forzado a hacer lo que hace porque, a la postre, no deja de ser un empleado más para la empresa para la cual trabaja.

    Sin embargo, lo antedicho en nada afecta al corolario de dicha práctica: el candidato/empleado, en tal contexto, las más de las veces, dirá lo que el empresario o reclutador querrá oír.

    Pero, ten por seguro, que ese candidato se la guardará para cuanto las circunstancias cambien.

    Y este momento ha llegado. De hecho, si mal no recuerdo, Victor Candel ya predijo hace tiempo este momento con una frase que sería para la posterioridad “la desbandada será de historia”.

    PS: Soy Omar 😉

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  2. Muy buen artículo Isabel, estoy totalmente de acuerdo con lo aquí planteado. Yo he pasado por esto y hoy dirijo el mantenimiento del hotel que he deseado, uno de los mejores hoteles de lujo del mundo, no ha sido suerte, me lo he trabajado y he conseguido mis objetivos. He dejado una empresa para aportar mi experiencia a otra empresa con notable éxito, todo basado en un singular método de mantenimiento y distinto al resto de otros compañeros de profesión, nos divertimos haciendo lo que nos gusta.

    Saludos. Gerardo García.

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