¡Mi reino por un contrato indefinido!

La semana pasada tuve ocasión de conocer, en el inicio del Máster de Recursos Humanos de la Universidad de Alicante del cual tengo la suerte de forma parte, a una alumna que me contó cómo para poder acudir ese día al inicio del Máster había renunciado a un contrato indefinido.

Llevaba algún tiempo trabajando en una empresa del sector de la distribución en un puesto de trabajo que no guardaba ningún tipo de relación con su formación actual y había tomado la decisión, unos meses atrás, de matricularse del Máster para poder seguir formándose ya que había descubierto que el mundillo de la gestión de personas le apasionaba.

Estaba tan convencida de que no iba a continuar trabajando, ya que no le iban a hacer indefinida en su empresa, que se matriculó del Máster y esperó con impaciencia hata que llegó el día en que empezaron las clases.

Para su sorpresa, el mismo día en el que las clases comenzaron su empresa le comunicó ¡que le hacía indefinida!, algo con lo que no contaba en absoluto.

Tras su alegría inicial se dio cuenta que tenía un problema serio: las clases del Máster eran los viernes tarde y sábado mañana, días de gran afluencia cuando trabajas en el sector de la distribución con lo que habló con su empresa y les solicitó poder librar para poder acudir a las clases.

La respuesta de su empresa fue tajante: no era posible dado el volumen de trabajo que tenían en esos días.

Su reacción ante la decisión de su empresa fue muy clara: no iba a aceptar el contrato indefinido con lo que a partir de esa día estaba oficialmente desempleada.

Cuando le pregunté por los motivos por los que había tomado esa decisión, no dudó ni un momento: era ahora o nunca el momento de hacer el Máster y seguir formándose a nivel profesional. No estaba dispuesta a quedarse anclada en un puesto de trabajo que no le satisfacía en absoluto por el hecho de que le hubiesen ofrecido un contrato indefinido.

Cuando un contrato indefinido no te da absolutamente nada

¡Mi reino por un contrato indefinido!

Es posible que en alguna ocasión hayas pronunciado esa frase o se la hayas escuchado a alguien cercano.

A lo largo de mis años como profesional por cuenta ajena he tenido varios contratos indefinidos.

Todavía recuerdo la primera vez que firmé mi primer contrato indefinido. Tenía veintipocos años y trabajaba en una multinacional. Cuando salí del despacho del Jefe de Personal, como se llamaba en aquella época, la gente me felicitaba.

Ya era uno de ellos. Ya tenía una relación laboral estable. Ya podía comprarme un coche, una casa y demás cosas sin que el del banco resoplase al ver mi contrato temporal y mi juventud.

Sin embargo yo sentía como si me acabase de atar a algo desconocido con unas cadenas invisibles tan fuertes que tardé varios años en poder romper.

Mucha gente no entendió que quisiese dejar la empresa así como la supuesta seguridad que me daba un contrato indefinido para iniciar un nuevo proyecto con toda la incertidumbre que eso suponía.

empleabilidad

Si hay algo que he tenido claro a lo largo de los años en los que he trabajado en diferentes empresas es que un contrato indefinido no representa absolutamente nada de lo que aparentemente podría ofrecerte:

  • Un contrato indefinido te da una falsa sensación de estabilidad laboral: esa supuesta estabilidad laboral podría tener sentido hacer varios años cuando se antojaba muy complicado que a uno le despidiesen de una empresa por tener un contrato indefinido. Sin embargo, y debido a la crisis económica, esa aparente seguridad que podría suponer un contrato indefinido, saltó por los aires al quedar patente que cuando las empresas necesitan ajustarse el cinturón, de poco sirve esa relación indefinida. Hoy por hoy muy pocas personas podrían tener la certeza de que su empresa no va a prescindir de ellos llegado el caso con lo que es preferible pensar que la relación indefinida tiene fecha de caducidad. Solo falta conocer cuándo llega ese momento.
  • Un contrato indefinido limita tus opciones para ser un profesional empleable: desafortunadamente en estos años he podido conocer a personas que se han quedado sin trabajo y que llevaban mucho tiempo trabajando en una empresa con un contrato indefinido. Salvo raras excepciones, por lo general con lo que me he encontrado son con personas que están desorientadas y que tienen un gran desconocimiento sobre cómo funciona el mercado de trabajo tras haberse pasado muchos años trabajando en la misma empresa. La realidad es que esas personas tienen serias dificultades para poder reincorporarse de nuevo al mercado de trabajo precisamente por todos esos años en los que han estado en una misma empresa ya que muchos entrevistadores opinan que las posibilidades de poder adaptarse a una nueva cultura empresarial suelen ser pequeñas. Aparte de la aparente pérdida de habilidades al llevar tanto tiempo desempeñando un mismo puesto en la organización.
  • Un contrato indefinido puede llegar a alejarte de tus objetivos y sueños profesionales: no sería la primera vez que alguien me cuenta cómo ha renunciado a estudiar algo en concreto, a aceptar una propuesta laboral más arriesgada o incluso a irse fuera de España por el hecho de que le ofrecieron un contrato indefinido y decidió aceptarlo. Durante muchos años valoré la posibilidad de trabajar fuera de España para poder vivir la experiencia. El haber ido encadenando contratos indefinidos prácticamente desde que acabé la carrera me hizo cada vez estar más lejos de ese sueño hasta que llega un día en el que te das cuenta que has renunciado por completo a ello.

Con todo esto no quiero decir que el hecho de tener un contrato indefinido sea algo negativo ni mucho menos. No solo eso sino que respeto profundamente y comprendo el anhelo de muchas personas por tenerlo.

Solamente pretendo introducir una perspectiva nueva y diferente sobre este tema para que empecemos a pensar en un contrato inefinido como una relación laboral que puede alargarse en el tiempo pero sin perder de vista la necesidad de seguir trabajando nuestra empleabilidad, de testar cada cierto tiempo si nuestro perfil sigue siendo atractivo en el mercado de trabajo o incluso de ser capaces de no sentirnos que nuestra vida está por fin resuelta cuando lo hemos firmado.

Un contrato indefinido solo es un trozo de papel que dice que trabajaremos en esa empresa hasta que llegue esa fecha de caducidad que ninguna de las dos partes conoce de antemano pero que con toda seguridad llegará.

Isabel Iglesias

 


10 thoughts on “¡Mi reino por un contrato indefinido!

  1. Muy buena historia que invita a la reflexión. A veces decir NO a oportunidades laborales es necesario para avanzar en el camino del que solo nosotros somos dueños.

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  2. Hola Isabel.

    Enhorabuena, una vez más, por lo acertado de tu post y el enfoque que le has dado. Estoy de acuerdo contigo en todo, excepto en un pequeño detalle; un matiz.

    Hablas de que el contrato indefinido pierde su esencia real a raíz de la crisis que hemos sufrido y de la que todavía no terminamos de salir. En mi opinión, el contrato indefinido dejó de tener esa validez, a partir de los años 90 del pasado siglo. Casi un poco antes. No debemos olvidar que fue el propio Felipe González, por entonces Presidente del Gobierno, el que pronunció la frase: “En España puede haber despido libre…pero eso no significa que sea gratuito”.

    Aparte de ese pequeño matíz, comparto contigo la opinión de que permanecer demasiados años en la misma empresa y haciendo más o menos lo mismo, es perjudicial, sobre todo, para el empleado. Tengo amigos que después de 20 años o más en la compañía, se han visto en la calle y a algunos les resultó especialmente doloroso y difícil, poder recolocarse.

    Los americanos dicen: “O creces o te vas”. Y hay veces que no puedes crecer más.

    Enhorabuena por tu blog.

    Un saludo

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    1. Gracias por pasarte de nuevo por el blog!!
      No tengo tan claro lo de la fecha que mencionas. Para mi se ha roto de forma definitiva con esta crisis económica.
      Por cierto, me encanta la frase!!
      Me la prestas para un post?
      Isabel

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  3. Ese planteamiento es el que se hacen muchos trabajadores en Dinamarca,país donde funciona la flexiseguridad: máxima flexibilidad para entrar y salir del mercado de trabajo, a cambio.de máxima seguridad para proteger la Empleabilidad cuando estas fuera.
    Pero sucede que estos es España: el Reino de la anti flexiseguridad, pues cada vez es más flexible la entrada y salida, y no existe ninguna seguridad cuando estas supera, porque las políticas activas no cubren los mínimos indispensables.
    En esas condiciones, y, con todos los,respetos, lo que planteas es, cuando menos, arriesgado para el común de los mortales.

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    1. Seguramente sea así Pedro, no lo pongo duda pero cada vez más me estoy encontrando con personas que sí están optando por esa flexibilidad, y que no quieren estar atadas a una empresa.
      No deja de ser una aventura con riesgos pero a mi personalmente me ha compensado.
      Gracias por pasarte por el blog!
      Isabel

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  4. Quien ha trabajado fuera, o como yo, en empresas con otra cultura laboral (Estados Unidos, Reino Unido,…), con menos seguridad… PARA AMBAS PARTES (no es sólo que te puedan despedir en cualquier momento sin indemnización, si es que no la has pactado, sino que tú te puedes ir sin preaviso cuando y a dónde te dé la gana, haber aprendido a retener el talento), vemos esta dualidad como parte del problema, dando pié al que se apalanca y provoca casos como el que he visto muchas veces: las empresas cuando no van bien y tiene que “soltar lastre laboral”, a veces despiden al más barato, aunque a lo mejor sea más profesional, eficiente, tenga mejor formación, experiencia, idiomas,…y se tienen que “tragar” a algún “figura” que por llevar tropecientos años en la empresa, a 45 días por año, “ese no, que nos sale muy caro, nos lo tendríamos que haber cargado hace años”. Y cuando van bien, te cogen y te ponen delante un contrato Rajoy, con título de “indefinido”. Queda muy bien para las estadísticas del paro” pero con 12 meses de período de prueba, y si cuela, te incluyo en el salario que hemos pactado cláusula de no competencia, y que, aparte de devolver la cantidad acumulada pagada en nómina por el pacto, por cada día que estés en la competencia me pagues 40 días de tu salario, y que si te vas me preavisas con 3 meses, para facilitarme a mí las cosas, y de paso que sea difícil que te cojan, o si te quieres ir en 15 días (lo normal) me pagas 2 meses y medio por irte antes. Ah, y me firmas que en las 2 semanas al mes que no viajas, trabajas de 9 a 19 (te vas a comer dos horas al bar para hacer tiempo, con que veas a tus hijos un fin de semana cada dos ya vas bien, para hacer los deberes ya es está tu mujer, o la canguro) y de lunes a domingo (no sea que me pidas que te compense cuando te hago salir un domingo y volver al siguiente sábado en una feria en Asia) .Esto no es ciencia-ficción, esto me pasó hace pocas semanas. Contrato único REAL, y ya no habría tonterías de temporales por un lado y fijo por otro, que si en el banco no me dan hipoteca o el préstamo del coche porque los dos tenemos contratos eventuales, anda mama fírmame este avalito que todo irá bien,…

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