Me merezco un empleo

Hace unos meses recibí un correo de una persona donde me contaba su situación laboral.

Llevaba ya un tiempo desempleado y empezaba a sentirse muy frustrado por la dificultad de no poder encontrar un trabajo que encajase con lo que él esperaba.

Sin embargo, lo que más me llamó la atención de su correo fue un pequeño párrafo casi al final donde me decía que había invertido unos cuantos años de su vida estudiando y formándose y que consideraba que como consecuencia de ese esfuerzo se merecía este trabajo que tanto ansiaba.

“La vida me debe una oportunidad”

Lo cierto es que cuando leí la frase me vino enseguida a la memoria que hace mucho tiempo yo también he llegado a ese mismo tipo de pensamiento donde uno espera conseguir algo si hace un determinado esfuerzo que considera que es más que suficiente.

Por mi propia experiencia puedo afirmar con mucha rotundidad, mal que le pese a más de uno, que “la vida”, como tal, ni te da ni te quita oportunidades de trabajo o de cualquier otro tipo.

Las oportunidades las generamos cada uno de nosotros con lo que hacemos y las decisiones que tomamos, o las que no tomamos por miedo a equivocarnos.

La realidad es que durante mucho tiempo hemos escuchado que si hacíamos determinadas cosas, íbamos a conseguir un resultado muy concreto. Parecía que en lo referente a temas de empleo las cosas estaban bastante claras y si uno seguía el camino marcado, los resultados serían buenos.

Y si no lo eran, entonces te planteabas qué podría estar pasando contigo ya que se suponía que todos los demás sí podían conseguirlo y tú no.

Cuando 1+1 no es igual a 2

Mis padres siempre quisieron que sus hijas estudiasen una carrera ya que ellos no pudieron y porque consideraban que tendríamos unas oportunidades a las que ellos no tuvieron acceso.

Así crecimos toda una generación, con la convicción más absoluta de que ir a la Universidad, y estudiar una carrera nos daría oportunidades laborales, las que no habían tenido nuestros padres. Sin embargo, la realidad fue muy diferente, por lo menos en mi época: mediados de los 90.

empleo

Decían que eramos muchos licenciados y que no había trabajo para todos. Entonces, ¿para qué narices hemos estudiado una carrera si resulta que tampoco hay trabajo para los universitarios? Recuerdo que incluso algún compañero mío se planteó hacer un módulo de formación profesional, como se llamaba en aquella época, porque pensaba que eso le daría más oportunidades que con la licenciatura de derecho.

Y ahí estábamos de nuevo con una carrera recién terminada, saliendo de la crisis de los 90 sin casi oportunidades de empleo pese a que habíamos hecho todo lo que nos habían dicho.

¿Te suena la historia? tampoco es tan diferente de lo que mucha gente puede estar viviendo en estos momentos.

Aunque han pasado 20 años desde que terminé la carrera y empecé a buscar trabajo hasta ahora, encuentro que hay ciertas ideas que están instaladas de forma muy arraigada y que no son precisamente de gran ayuda para poder mejorar, conseguir nuestros objetivos profesionales  o llegar a ese empleo tan ansiado:

  • Si haces “A”, conseguirás “b”: hace mucho tiempo que tuve claro que hay muy pocas cosas que sigan un curso predefinido y claro. El hecho de que te esfuerces una barbaridad no quiere decir que vayas a tener más posibilidades de conseguir lo que quieres. Es muy habitual que en estas situaciones nos comparemos con el de al lado y caigamos en la tentación de pensar, o incluso decir, abiertamente ” si no le ha costada nada de esfuerzo”. Este es quizás uno de los pensamientos más dañinos porque la realidad es que hay muchos elemenos en juego que no conocemos ni controlamosen estas situaciones. Compararnos con los demás es uno de los peores ejercicios que podemos hacer para nuestra autoestima. Y lo digo por propia experiencia. No hay nada más liberador que dejar de compararse con los demás y poner el foco en uno mismo.
  • La vida me debe algo por mi esfuerzo: la vida como tal no nos debe nada. Ese es un pensamiento especialmente tóxico y que no nos permite poder mirar más allá. Quedarnos anclados en esa idea no deja de ser una forma de hacer recaer la responsabilidad de algo que es solo nuestra en otras personas. Ya va siendo de que cojamos las riendas de nuestra vida y seamos conscientes de que lo que conseguimos es gracias a nosotros. Y lo que no conseguimos, también es gracias a nosotros. Piénsalo de esta manera, ¿qué cantidad de esfuerzo sería necesario para poder conseguir aquello que quieres? ¿cómo podríamos valorarlo para saber si ya hemos hecho todo el esfuerzo necesario o si hace falta algo más?
  • Poder vivir de lo que uno quiere es cuestión de suerte: ya lo he dicho en más de una ocasión: no creo en la suerte cuando se habla de empleo o desarrollo profesional. Creo en el trabajo duro, en el esfuerzo, en las ganas de seguir aprendiendo y formándose, en marcarse un objetivo y no desfallecer. Pienso que es mucho más sencillo echarle la culpa a la suerte o a otros elementos antes que reconocer que posiblemente no tenías tantas ganas de conseguirlo o no querías hacer ese esfuerzo.

La próxima vez que pienses que hay algo que te merezcas por el esfuerzo realizado, piensa si lo deseas tanto como para seguir intentándolo un poco más

Isabel Iglesias

Reclutamiento online


19 thoughts on “Me merezco un empleo

  1. Yo pongo una sugerencia aquí sobre este gran problema que es la busqueda de empleo. Yo estoy en la misma situación. En la medida que se pueda que la gente sin trabajo este tranquila y se agarre a la familia todo lo que pueda y no dar demasiadas vueltas a lo mismo. Tengo un amigo que esta desde mas de 4 años sin trabajo y separado, vive solo. Le ha dado un trombo en un oído y ha perdido mas del 60% de audición. Osea, mi sugerencia es estar tranquilo, el que no pueda por un problema económico es absolutamente atendible pero el que tire porque tiene alguna fuente de dinero que se tranquilize y haga un balance personal.
    Para mi esta situación es algo que entra en las vidas de las personas como una enfermedad, ha pasado algo importante como un accidente etc. Entra en las vidas y en las casas de las personas y esta ahí. No hay nada que hacer salvo un milagro o la persistencia que nunca hay que dejar.

    Es verdad que lo mejor es animarse y encontrar consuelo como en este blog que habla de este problema.

    Saludos a todos.

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  2. Que alguien piense que “se merece un empleo” porque ha hecho X o Y significa que está muy desconectado de la realidad y no entiende de qué va esto. Se trata de ser capaces de aportar algo más valioso para la empresa que nuestro sueldo, y convencer a quien ataña de que podemos hacerlo (de lo contrario no nos contratarán).

    Pero decir que esto “no es cuestión de suerte” y que todo depende de nosotros y del trabajo duro también es vivir en una realidad paralela.

    La genética, la educación recibida, el entorno, la gente que hemos conocido, el devenir general de los acontecimientos… son una serie de factores externos en los que tenemos poca o ninguna influencia y que influyen en el resultado de cualquier empresa que acometamos. Echar la culpa a los acontecimientos cuando las cosas van mal es esconder la cabeza como el avestruz y no lleva a nada positivo, pero cada uno tiene que jugar con las cartas que le han tocado.

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    1. Hola Jaime:
      Bienvenido de nuevo a mi blog.
      Estoy de acuerdo contigo en lo de la realidad paralela en el primer caso que mencionas.
      No tanto en lo que se refiere a la suerte. Soy de la opinión que quedarnos excesivamente anclados al tema de la suerte no es lo más recomendable ya que corremos el riesgo de pensar que no tenemos forma de poder cambiar nuestra realidad. Ya he comentado en más de una ocasión que no creo en la suerte y sí en el trabajo duro.
      Si realmente pensase que existe la suerte muy posiblemente me habría quedado en mi primer trabajo y de ahí no me habría movido. Tengo la “mala” costumbre de desafiar ese tipo de situaciones que parece que le vienen a uno impuesto por lo que tú comentas del entorno y demás factores.
      Hoy por hpy puedo decir que no me he conformado y que gracias a eso he podido llegar a donde yo quería y no a donde me llevaban los acontecimientos.
      Saludos
      Isabel

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      1. Hombre, Isabel, claro que no es recomendable quedarse anclado.

        Pero nos guste o no, hay una serie de factores fuera de nuestro control, a los que podemos llamar suerte, que influyen en todo o casi todo lo que hacemos. Que influyan no quiere decir que sean los únicos, ni los más importantes, ni que tengamos que conformarnos. Lo único que digo es que están ahí, y considero buena idea tenerlo presente.

        Si te propusieras llegar a ser futbolista de elite y jugar en el Real Madrid junto a Cristiano Ronaldo, ¿crees que lo lograrías? Sospecho que no, porque has tenido la suerte, buena o mala, de nacer mujer.
        ¿Crees que lo lograría yo? Podría ponerme a entrenar varias horas al día, pero me temo que solo conseguiría terminar lesionado. No tengo la genética requerida y además me pilla un poco mayor.

        Igual que tú, muchísima gente deja su empleo (no siempre voluntariamente) y se intenta montar algo para ganarse el pan por su cuenta, “ser su propio jefe”. Pero la mayoría fracasa. ¿Qué pasa, que no han trabajado lo bastante duro? ¿O no son tan listos como tú? Seguro que en algunos casos hay algo de eso, pero no en todos.

        Cuando terminé primero de carrera, tuve la suerte de que un amigo de uno de mis tutores en la universidad tenía una empresa del sector y terminé trabajando para él. Me podría llenar la boca con lo mucho que me tuve que esforzar para llegar a esa situación, pero lo cierto es que si mi tutor hubiera sido otro, o si no hubieran sido amigos, me habría ido a la cola del paro y sospecho que mi vida habría sido muy diferente. No sé si mejor o peor, pero sin duda diferente. Y si no hubiera tenido la oportunidad de ir a la universidad, o si hubiera decidido no hacerlo…

        No quiero quitar mérito a lo que has hecho; al contrario, opino que sin trabajo duro no se consigue nada que merezca la pena (salvo que te toque la lotería, pero yo no juego). Pero el esfuerzo no basta. Salvo que tuvieras una bola de cristal, claro. Entonces sí, miras cuál es la mejor opción y la escoges. Yo no tengo bola de cristal.

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      2. Pues Jaime me vas a permitir disentir contigo.
        Yo no considero que haya tenido suerte en el sentido más estricto de la palabra.
        De hecho mis condiciones personales y familiares no eran especialmente propicias para llegar hasta donde he llegado. Es decir, mi entorno me influyo. Es cierto, pero lo hizo de una manera positiva en el sentido que yo no he tenido grandes oportunidades, ni contactos ni nada que se le pareciese. Todo lo que he conseguido ha sido fruto de mi esfuerzo y de pelear mucho. Si hubiese hecho caso de lo que me ofrecía mi entorno, ni siquiera habría acabado la carrera. Es cierto que cada uno tiene unas cartas con las que nos toca jugar, pero es ahí donde entra nuestra habilidad para jugar con lo que tenemos.
        Me gusta recordar una frase de Dale Carnegie que dice que “si la vida te da limones, haz limonada”. Yo a esa limonada le añado además un poco de azúcar. Es cuestión de actitud Jaime!
        Isabel

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  3. ¡Hola Isabel!
    Me parece que viene muy a cuento la regla de oro para solución de problemas que Adam J. Jackson dice en su libro Los 10 secretos de la riqueza abundante. “Cuando crea que ya ha explotado todas las posibilidades, recuerde una cosa, ¡no lo ha hecho!” Sin duda, aunque fastidie reconocerlo, siempre hay algo que podemos hacer. Eso sí, hay que poner el foco en el cómo y no en el por qué.
    Me parece totalmente entendible lo que expone quien te escribe el e-mail, aunque no lo comparto. En función de la generación, yo al menos también siento y comparto que nos han educado con esa concepción de haz “x” y recibirás “y”, en este caso era estudiar una carrera y conseguir trabajo, (aunque luego era estudiar una carrera y un master para ello). Pero pensar que hacer algo te garantiza resultados… (Que conste que yo soy el primero que he caído en eso y en otros muchos errores, no pretendo ofender a nadie)
    Mejor pongamos la responsabilidad en nuestras manos si queremos vivir la vida que queramos nosotros.
    Un saludo

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    1. Gracias Fernando!
      Por lo que veo no solo es algo de mi generación sino que sigue instalado cual virus mental en las generaciones posteriores.
      Me alegro de que tú lo hayas sabido reconocer y optar por no querer quedarte anclado en esa idea.
      Saludos
      Isabel

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  4. Excelente artículo, me gusta muchísimo el enfoque que le das.

    Todos nuestros esfuerzos van dirigidos a crear escenarios para que puedan ocurrir determinadas “cosas”, todo lo que hacemos es crear oportunidades para que la vida nos dé eso que buscamos.

    Nuestra formación y nuestra búsqueda de empleo persigue generar el entorno para que pueda llegar la oportunidad que ansiamos.

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    1. Mil gracias Jorge por pasarte por el blog.
      Un lujo poder tenerte en mi casa.
      Estoy convencida que por tu trabajo habrás tenido que enfrentarte a este tipo de comentarios en más de una ocasión y resulta difícil poder transmitirle a una persona que la responsabilidad de generar oportunidades es de uno mismo y no tanto del entorno.
      Saludos
      Isabel

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  5. Excelente tu artículo como siempre Isabel. Gracias.

    Estoy totalmente de acuerdo. Además apartes de esas ideas preconcebidas en la familia y en la sociedad, no te puedes imaginar la cantidad de libros de psicología barata que te puedes encontrar en el mercado. Son de una toxicidad tan elevada, que los jóvenes, más permeables y menos analistas, son los más propensos a ser sus víctimas. Es muchísimo el daño que pueden causar. Aparte también que nuestro Sistema Educativo es penoso.

    Un saludo,

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    1. Toda la razón Isidro.
      Empiezo a estar un poco harta de esos libros que te exponen una realidad completamenate irreal a la que agarrarte.
      Al final parece que el poder conseguir tus objetivos depende más de todo lo que hay a tu alrededor que de uno mismo. Y ese tipo de pensamientos me parece especialmente dañino porque empuja a las personas a dejarse llevar por los demás y no asumr su propia responsabilidad. Claro que es mucho más cómodo poder decir que no tengo suerte que reconocer que no he querido hacer ese esfuerzo.
      Gracias de nuevo por pasarte por el blog!
      Isabel

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  6. Pues si, totalmente cierto, pero qué difícil resulta a veces resetear nuestra mente de lo que nos han inculcado durante toda nuestra infancia y período de crecimiento, hasta convertirnos en adultos, donde ya tenemos los esquemas muy claros….Que viva la reinvención…

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    1. Diana, para mi es fundamental poder salir de esas creencias que, como tú dices, tenemos tan arraigadas, para ser capaces de cambiar.
      Si esperamos a conseguir cambios haciendo siempre lo mismo, podemos caer en el desánimo.
      Gracias por pasarte.
      Isabel

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  7. Muy atinado, Isabel. Hay que dejar de pensar en que nos tienen que dar cosas y ponernos nosotros a intentar conseguirlas. Si no te mueves, no llegas. Y si te mueves en la dirección incorrecta, tampoco vas dónde querías. Es así, puede que no sea fácil, pero eso hace que sea mucho más gratificante llegar a la meta.

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    1. A veces no es posible saber que un camino lleva en la dirección incorrecta hasta que llegas al final. Recorrerlo no es un error; es parte del proceso que nos lleva a la meta.

      O como dijo Edison de forma mucho más clara mientras intentaba inventar la bombilla, “No he fracasado 700 veces. No he fracasado una vez. He logrado demostrar que estos 700 métodos no funcionan. Cuando haya eliminado todos los métodos que no funcionan, encontraré el método que funciona.”

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