O cambias o te cambian

Cuando me siento con posibles clientes para ver si podemos trabajar con ellos, muchos de ellos suelen transmitirme preocupaciones muy similares.

Suelen ser empresas con problemas tales como alta rotación de empleados, falta de motivación del equipo e incluso serias dificultades para poder atraer talento a sus organizaciones.

Aparentemente están muy preocupados y muestran un interés sincero en poder abordar estas situaciones y darles una solución.

La realidad es que cuando empezamos a plantearles diferentes alternativas que suponen poner a las personas en el centro del negocio así como cambiar determinadas políticas de gestión de personas un tanto arraigadas, suelen poner bastantes pegas y argumentar que esos cambios son muy difíciles de implantar debido a que su gente está acostumbrada a una manera de hacer las cosas.

Lo cierto es que este tipo de rigidez es más que patente tanto entre las empresas como entre muchos empleados y colaboradores.

Desde hace algún tiempo vengo detectando esa especie de contradicción entre la necesidad, muchas veces impuesta por las propias condiciones del mercado, de hacer cambios en las organizaciones y las pocas ganas que tienen muchos directivos y/ o empleados de cambiar la forma en la que tanto tiempo llevan trabajando.

Cuando el miedo lo inunda todo

Recibo con cierta frecuencia mensajes de personas que están en situación de búsqueda activa de empleo o que están trabajando y que se encuentran muy mal en sus organizaciones pero que no se atreven a dar el salto.

No se atreven a asomarse siquiera a ver qué pasa en el mercado de trabajo por miedo a que lo que encuentren les resulte tan sumamente diferente que les genere más ansiedad que otra cosa. Y ni siquiera se atreven a explorar nuevas alternativas, cruzando los dedos para que su empresa no tenga que hacer ajustes de personal.

Personas que no se atreven a dejar un puesto de trabajo fijo por miedo y prefieren seguir viendo pasar los días en una empresa que no los valora y mucho menos sienten que sea su sitio, hasta tal punto que se convierten en autómatas que ni sienten ni padecen.

Desempleados que no se atreven a hacer las cosas de manera diferente porque buscar empleo siempre ha supuesto mandar  un currículum  a una oferta de empleo publicada pese a que hoy por hoy sabemos que el 80% de las ofertas no se publican. Y ya sabemos que lo importante es cuántos curriculum mandas para mantener tranquila la conciencia de que estamos haciendo algo que nos va a llevar a nuestro objetivo.

O directivos que no se atreven a plantear nuevos cambios o procedimientos en su organización porque llevan toda la vida haciendo las cosas de una manera y temen que esos nuevos aires puedan ser interpretados como una manera de desafiar el status quo de la empresa. Y en el fondo lo que subyace no deja de ser otra cosa que miedo a poder perder un puesto de trabajo que, aunque no sea lo que uno realmente quiere, paga las facturas.

cambio

Me entristece profundamente ver el nivel de resignación que encuentro cada vez más en las organizaciones, las pocas ganas que hay de cambiar y la idea de que es mejor quedarse como se está no vaya a ser que alguien nos obligue a salir de nuestra zona de confort.

Sin embargo, todavía me resulta más alarmente la idea tan profundamente arraigada de que si uno se queda quieto sin hacer mucho ruido y cumpliendo lo que se espera de ti, previsiblemente nada malo puede pasarte.

Si hay algo que he aprendido desde que dejé la aparente seguridad de trabajar en una empresa con un puesto de trabajo indefinido y un salario a final de mes, es que o cambias o te cambian.

La decisión es de cada uno, pero las ventajas de optar por adelantarnos a los posibles cambios son indudables:

  • Nos permite poder tener el control de nuestra carrera profesional sin que nos afecten en exceso los posibles vaivenes del mercado de trabajo ya que estamos preparados para enfrentarnos a lo que puede suceder. A esto se suma que normalmente solemos anticiparnos a esos cambios ya que estamos tomándole el pulso de manera constante al mercado de trabajo. Es decir, somos plenamente conscientes de nuestra empleabilidad y de las posibilidades que como profesionales tenemos.
  • Podremos tomar decisiones sin que aspectos externos a nosotros mismos nos condicionen. En definitiva, seremos libres para poder decidir lo que mejor nos conviene en cada momento sin sentirnos atrapados por lo que otros hacen por nosotros. No hay peor sensación cuando uno está trabajando que sentir que no somos libres para hacer lo que queremos. Durante mucho tiempo yo también me he sentido así: atrapada en una empresa en la que parecía que no podía hacer nada salvo resignarme a mi destino.
  • Y quizá lo más importante es que evitamos que los demás nos obliguen a  cambiar por el hecho de no haber querido hacerlo nosotros. Porque si hay algo que ha venido para quedarse es la necesidad de cambio constante y permanente, tanto para las empresas como para las personas. La capacidad de poder adaptarnos a los cambios de forma rápida pudiendo, incluso, sacar ventaja de ello cada vez más será una de las habilidades mejor valoradas por las empresas.

Cambiar es sencillo; lo difícil es darnos cuenta de que lo queremos hacer todos los días

Isabel Iglesias

Reclutamiento online

 


24 thoughts on “O cambias o te cambian

  1. Excelente gracias por compartir. La mayor parte del tiempo sabemos que esta pasando, pero el temor nos gana. El miedo a lo desconocido es mas fuerte que el deseo de avanzar y progresar.

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  2. Totalmente de acuerdo Isabel. Yo siempre me he mantenido libre. Voy buscando proyectos y personas que me aporten cosas nuevas tanto en lo profesional como en lo humano.

    He vivido lo que comentas y lo triste de todo que los más inmovilistas, retrógados y malvados no son los directivos, sino los propios trabajadores y compañeros, dónde personas como yo, que nos gusta más la creatividad, la imnovación, somos pisoteados y apartados, vistos como enemigos a quitarse de encima cuanto antes. No toleran que nadie de fuera les tenga qué decir cómo se trabaja. O te sometes a su tiranía rindiéndoles pleitesía, o tienes los días contados.

    Ante esta situación, el directivo se encuentra atado de pies y manos, ya que la mayoría de éllos ni siquieran son dueños de sus proyectos, son meros gestores, sólo quieren resultados en los plazos indicados, y que no haya problemas, les da igual el cómo se obtengan las cosas, y por tanto deciden tomar la solución menos catastrófica, es decir, echar al molesto y seguir con lo mismo.

    Gracias Isabel. Un saludo,

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    1. A mi me pasó lo mismo hace un tiempo Isidro.
      Por eso opté por dejar mi empresa y volar libre.
      Ya estaba un poco cansada de no encajar en ningún sitio y de que hubiese mucha gente interesada en que me adaptase a ellos pero pocos valoraban lo que yo podía aportar.
      Curiosamente desde que tomé esa decisión, las empresas para las que he trabajado han valorado precisamente eso: que no esté atada a nada ni nadie.
      Gracias por pasarte!
      Isabel

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  3. Gran comentario el de Ander, todo mi apoyo y ánimo, continúa luchando, no hay más opciones que continuar luchando, lo contrario es tirar la toaya con nosotros mismos.
    En referencia al artículo, estoy totalmente deacuerdo, o cambias o te cambian, o tomas tú las decisiones o las toman otros por tí y es del todo incoherente que alguién que no te conoce decida tú futuro.

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  4. Muy interesante, cuando llevas sin trabajo casi ocho años y has cambiado y recambiado todos los aspectos de tu vida, cuando las ofertas de empleo son descartadas una tras otra, cuando tu edad pesa más que tu experiencia EN CUALQUIER candidatura, cuando te has hartado de leer consejos sobre proactividad, resiliencia, liderazgo y demás lindezas, cuando te das cuenta de que la sicología positiva está detrás de toda esta patraña del emprendimiento y de los blogs de empleo, entonces llegas a una conclusión:

    El mercado laboral está condicionado a la productividad y los beneficios para unos pocos, a la zanahoria perseguida con ahinco y rebuznos por una pléyade de neoesclavos que corren tras ella sin sentido ni dirección. Mejor dicho, con sentido único y claro a perpetuar un sistema económico de dominación y esclavitud. Lo que tenemos que cambiar es este sistema, y esa sinergia necesita de conciencia colectiva, de sentimiento de clase, y esa batalla la perdemos claramente por desdén, cobardía y alienación.

    Desde luego que o cambiamos o nos seguiremos conformando con la “reinvención”, la “creatividad” y otras muchas bonitas palabras del neomárketing empresarial.

    Sin ánimo de ofender a nadie

    Salud y suerte a tod@s

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    1. Hola Ander:
      Yo creo que nadie ha dicho que nuestro mercado laboral sea el mejor del mundo ni mucho menos. Es lo que tenemos y con ello tenemos que lidiar todos.
      Evidentemente podemos tratar de cambiarlo para que sea mejor para todos. Ahora bien, ¿a qué precio y durante cuánto tiempo?
      No me considero una persona conformista ni mucho menos ni me gusta lo que veo en el mercado laboral y en las empresas, pero pienso que hay muchas maneras de luchar contra ello. Cada uno puede encontrar esa forma para poder hacer algo por cambiar.
      Mi granito de arena en esa “lucha”, si lo queremos ver así, reside en decir de forma alta clara lo que no me gusta y te aseguro que tiene impacto.
      Seguir echándole la culpa de todo al sistema económico sin más me parece simplón ya que no estamos reconociemdo que parte de esa responsabilidad también es nuestra.
      Gracias por pasarte por el blog.
      ISabel

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  5. Por mi experiencia, he tenido que cambiar muchas cosas a la hora de buscar empleo, distintas formas de currículo de cómo se hacia hace tiempo a ahora; de nuevas redes sociales; adaptarme a nuevos aprendizajes; a sacar lo positivo de lo negativo.

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  6. Hola Isabel me ha gustado mucho el artículo, y tienes toda la razón, es verdad que muchas veces los propios trabajadores somos reacios a los cambios, yo lo viví en una empresa que trabaje ,y ahora que me encuentro sin trabajo, y me doy cuenta de que te encuentras en tu zona de confort y es difícil salir de ella, y afrontar cambios todos los días, cuesta mucho! gracias por compartir un saludo María Juanes

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    1. Gracias María por compartir con nosotros tu experiencia.
      A mi también me ha pasado. Yo he sido trabajadora por cuenta ajena y he sentido auténtico pánico a salir de mi zona de confort hasta que me despedieron y me di cuenta que era mejor tener una puerta giratoria para poder entrar y salir de forma sencilla de mi zona de confort.
      Gracias por pasarte por el blog.
      Isabel

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  7. El problema realmente es el miedo que tenemos a que las cosas tomen un camino diferente. No nos gustan los cambios ni lo que se sale de lo “correcto”. Simplemente hacemos lo que tenemos que hacer, sin pensar en si es lo que queremos hacer.

    Perdemos más tiempo buscando excusas para no aceptar un cambio que en atrevernos a cambiar. Si sale mal, ¿qué es lo peor que puede pasar? ¿Qué vuelvas al punto de origen?. Pues bueno, al menos sabrás que camino no tomar.

    Saludos desde Gandia.

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    1. Así es José Manuel. Tomar decisiones es una parte más de vivir. Anularlo o minimizarlo supone perdernos la posibilidad de poder manejar nuestra vida.
      El miedo forma parte de nuestro camino y es algo que es bueno que esté presente ya que nos permite poder modular en un momento dado las decisiones pero no puede ser el único factor determinante sino uno más.
      Gracias por pasarte una vez más por el blog!
      Isabel

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  8. ¡Hola Isabel!
    Considero que el gran miedo que nos da ser responsables de nuestra vida profesional hace que seamos conformistas. Vender nuestro tiempo y nuestro trabajo a cambio de una falsa seguridad laboral y, en caso de que algo falle, poder afirmar que la culpa no es mía sino de quien me ha despedido y que las cosas están muy mal.
    Tenemos que ser los responsable de nuestra vida, y eso exige también ese apartado que habíamos dejado a un lado como una parcela desligada del resto de vida, nuestra profesión.
    El problema es que antes o después va a tocar lanzarse porque este cambio de paradigma que ha acelerado la crisis no va a volver hacia atrás y como tú afirmas, será mucho mejor habernos anticipado porque tendremos el control y estaremos preparados y no al contrario.
    Como siempre, una interesante reflexión.
    Un saludo

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    1. Gracias Fernando por tus palabras!
      Pienso que lo que nos sucede es el resultado del anestesamiento al que estamos siendo sometidos, tanto consciente como inconscientemente, en los últimos años. Hemos preferido no pensar, no sentir, no decidir. Así todo es un poco más fácil y tenemos la excusa para poder decir en un momento dado que fueron las circunstancias las que nos empujaron a hacer algo, cuando la realidad es que la vida no deja de ser una colección de decisiones que uno toma, tanto si hace como si no.
      Gracias de nuevo por pasarte!
      Isabel

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