Bienvenid@ a tu jaula de oro

Hoy es 31 de Julio y de forma oficial empiezan las vacaciones para un gran número de personas.

Es mi primer verano como emprendedora, autónoma, profesional por cuenta propia o como quieras llamarlo, y desde hace ya varias semanas he empezado a notar grandes diferencias con respecto a mi situación como profesional por cuenta ajena de estos últimos años.

Normalmente cuando se acercaban las fechas de las vacaciones, la ansiedad por salir de la empresa y no escuchar el maldito despertador se iba acrecentando a medida que faltaban los días para poder disfrutar de mis ansiadas vacaciones.

Sin embargo este año, he dejado de sentir esa ansiedad por las vacaciones debido a que por primera vez en muchísimo tiempo disfruto de verdad con la idea de que suene el despertador por las mañanas.

Para mi, que suene el despertador un 31 de Julio, y que tenga que madrugar, no solo significa que me tenga que levantar, arreglarme y ponerme encima de unos tacones para ir a ver a un cliente con el calor de justicia que estamos teniendo este verano en Alicante.

Implica algo mucho más potente: sentir la libertad de poder elegir.

Yo, y solo yo, soy la dueña de mi tiempo, de mi trabajo y de mis proyectos

Si hay algo que tuve claro desde el principio y que, afortunadamente, me puedo permitir en estos momentos es el de elegir con quién quiero trabajar y cómo quiero hacerlo.

Sé que es algo que cuando lo digo choca debido a la escasez de empleo que existe en estos momentos y a la tan extendida idea de no dejar pasar ninguna oportunidad por delante de nuestras narices aunque eso suponga tener que llevar a cabo proyectos que no nos apetecen o trabajar con personas con las que no nos sentimos alineadas.

emprendedores

Recuerdo una conversación con un amigo el verano pasado cuando todavía estaba dándole vueltas a la idea de dejar la empresa para la que llevaba casi 7 años trabajando y lanzarme de forma definitiva al emprendimiento, en la que no paraba de quejarme de TODOS los inconvenientes que me podría suponer dejar mi empresa y lanzarme a la aventura de no tener un salario a final de mes o el tener que buscar mis propios clientes.

Mi amigo me dijo una frase que me hizo pensar toda la tarde y que fue el acicate definitivo para plantear en mi empresa, tras las vacaciones, que quería emprender un nuevo rumbo: simplemente me dijo disfruta de tu jaula de oro“.

Hasta aquellos momentos no había sido plenamente consciente de la sensación de estar atrapada en mi empresa.

Veía con una gran claridad todos los inconvenientes de trabajar como profesional independiente, sin la supuesta seguridad de sentirme respaldado por una empresa.

En cambio, no estaba siendo capaz de ver que eran justamente esos miedos los que me estaban haciendo tener una falsa percepción de seguridad por el simple hecho de que una empresa me pagase una nómina a final de mes.

¿Un salario a final de mes es sinónimo de seguridad?

Soy plenamente consciente que hay personas, y muchas, que lo que están deseando es precisamente poder tener esa tranquilidad de que haya una empresa que le pague un salario a final de mes para poder tener la mente ocupada en otras cuestiones.

Y para mi es algo perfectamente comprensible y respetable porque durante mucho tiempo mi seguridad laboral residía precisamente en eso: en saber que podía pagar mis facturas a final de mes.

Cuando trabajaba por cuenta ajena, la vuelta al trabajo se me antojaba dura, pesada y con una extraña sensación de que mis días de vacaciones eran una especie de interrupción temporal que se diluía a los pocos días de volver.

De hecho, una de las frases que más escuchaba entre mis compañeros cuando volvían a los pocos días era: “ya ni me acuerdo de las vacaciones”.

Este año, eso también es distinto.

Con esto no quiero decir que no tenga ganas de coger vacaciones, que las tengo, sino que la vuelta de éstas se presentan cargadas de proyectos nuevos e ilusiones.

No es un punto y seguido, como me pasaba antes, sino que es como empezar a escribir un libro desde el principio donde todo está por decidir, donde son tan fuertes las ganas de empezar a crear y a aportar que uno no está suspirando por las próximas vacaciones.

Durante casi 20 años he sido trabajadora por cuenta ajena y he aprendido mucho en todas las empresas en las que he trabajado.

Soy de la opinión de que llega un momento donde, salvo que trabajes para Google u otra empresa similar que te permita poder tener un nivel de desarrollo profesional extraordinario, terminas creándote una jaula de oro laboral.

Una jaula donde crees que vas a estar resguardado de ¿todo?, aunque ya hemos visto en estos últimos años que nadie está a salvo de poder ser despedido o de que tu empresa desaparezca.

Una jaula de oro que aparentemente puede darte esa tranquilidad de poder pagar tus facturas a final de mes pero que no te permite poder desarrollarte como tú quieres.

Una jaula de oro en el que inviertes tus mejores años como profesional para darte cuenta con el tiempo que, en muchas ocasiones, no dejas de ser uno más.

Es por eso que este año las vacaciones serán más especiales si cabe.

Porque la tranquilidad de saber que ya no vuelvo a mi jaula de oro tras mis días de descanso es lo que hoy por hoy me da fuerzas y energía para seguir adelante con mis proyectos.

Felices vacaciones para todos!!!

Nos vemos en Septiembre 🙂

Isabel Iglesias


20 thoughts on “Bienvenid@ a tu jaula de oro

  1. Isabel, he llegado a tu blog, no sé cómo, pero me encantó. Te platico que yo crecí pensando todo lo contrario a ti: plantarme en un solo empleo de por vida, ser la de más antigüedad y sabiduría por todos mis años laborados en una sola empresa a la que le daría fidelidad absoluta. ¿Una universitaria pensando en eso en pleno siglo XXI? Sí, yo. ¡Qué inmadura era! No pensaba que justo enfrentar problemas, realizar cambios y salir adelante de las adversidades, me iba a dar la sabiduría que yo deseaba. No por magia, pero sólo así me obligaría a buscar respuestas, investigar, preguntar, atreverme a hacer cambios, en pocas palabras a moverme de mis zonas de confort…¡bendita inocencia la mía!

    Odié durante muchos años los cambios, los ajustes, salirme de aquellos trabajos y empezar de cero, pero sobre todo ¡ser siempre la nueva! y a mis más de 40 años ¡sigo siendo la nueva! Jajajaja ¡Qué cruel es la vida!, por fortuna, si no, simplemente no hubiera aprendido, no sería la que soy ahora..

    Estoy por emprender mi nueva empresa y estoy feliz: ¡Otra vez soy la nueva! Jajajaja. Pero ya me sé los andares, con todas las veces que he empezado desde cero, ya tengo un colmillo enorme y no tengo más miedo a hacerlo, creo que de eso abriré un blog: “La ventaja de ser siempre “la nueva””.

    Gracias por la inspiración, saludos fraternos desde acá.

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    1. Enhorabuena Sagrario por abrazar los cambios!!
      La vida no es más que un cambio continuo. Tratar de que las cosas se queden de manera inmóvil es como pretender que un niño no salte y juegue.

      Gracias por pasarte por el blog.

      Isabel

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  2. Isabel, cada vez que leo un comentario tuyo me parece de una sinciridad exquisita, recuerdo cuando comenzabas a dudar de las redes sociales como medio para compartir y descubrir, y mirate ahora, has avanzado a unos niveles dignos de ser celebrados, te deseo toda la suerte del mundo, creo que eres una profesional con una humanidad y talento extraordinario. Felices vacaciones, imagina, descansa y disfruta de ellas cada segundo.

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    1. Madre mía Leo!!! no sabes la ilusión que me hace leer tu comentario.
      Los que me habéis leído y seguido desde el principio habéis podido ver mi evolución en mi blog.
      Y sí, tienes toda la razón.
      Empecé con muchas dudas y muy escéptica y, como dices tú, ¡mírame ahora!
      Me encanta que me lo hayas recordado!!
      Gracias de corazón y disfruta tú también de las tuyas!!
      Isabel

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  3. Buenos días, Isabel.

    Imagino que ya estarás de vacaciones, pero no me resisto a dejar mis impresiones sobre tu post. Me ha encantado. Igual que todos los anteriores.

    Empezaré por una anécdota que tiene poco que ver con mi carrera profesional, pero mucho con mi manera de pensar y está directamente relacionada tu artículo.

    Cuando tenía 15 años, fuí un día a las oficinas del Real Madrid y dije a un señor que había en una ventanilla: “Que hay que hacer para jugar aquí”, o algo similar. Rellené una ficha, me llamaron al cabo de unas semanas, hice una prueba que consistió en jugar un partido con otros 10 desconocidos y finalmente, fui elegido.

    Jugué un partido o dos en la antigua Ciudad Deportiva del R. MAdrid, convertida hoy en un solar con 4 torres inmensas. Después del segundo partido, llamé a mi entrenador y le dije: “No juego más. Yo juego al fútbol para divertirme y no pienso sufrir por ello”. El problema, no viene al caso.

    Desde el primer día que empecé a trabajar en esto de la Informática, tuve claro que no quería convertirme en el especialista de nada. En una profesión en la que se avanzaba a la velocidad de la luz, hacerte especialista de algo, era condenarte al ostracismo. Igualmente, entendí desde bien pronto, que permanecer demasiado tiempo en una empresa, iba en contra de mis intereses. Corría el riesgo de que a los 20 años de trabajar para quien fuese, fueran ellos los que decidieran que yo ya no les interesaba. Por desgracia, he sido testigo de muchos casos así, de compañeros que después de 15,20 o 30 años en una empresa, se han visto en la calle y obsoletos. El próximo ERE de INDRA, es el último ejemplo.

    Así es que, como habrás podido colegir de mis palabras, suscribo tu principio de “salir de la jaula dorada”, entre otras cosas, porque nunca he querido entrar en ninguna.

    Ahora, a eso se le llama salir de la zona de confort y sinceramente, a lo largo de mis más de 30 años de experiencia, creo que han sido 0 o 1 ocasiones en las que he disfrutado de esa supuesta zona de confort. Lo demás, ha sido nadar entre cocodrilos.

    Como dice el poema que se menciona en la película INVICTUS: “Soy el capitán de mi alma”.

    Muchas gracias por compartir con todos tu blog.

    Pásalo bien en vacaciones.

    Un saludo.

    Carlos

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    1. Muchísimas gracias Carlos por tus palabras.
      Estoy de vacaciones a medias, jejeje. Ya sabes, cuando tú eres tu propio jefe es difícil echar el cierre de forma total y no estar echando un vistazo de reojo.
      Me encanta tu anécdota Carlos!! Supongo que cuando lo cuentes habrá mucha gente que te habrá dicho de todo. Desde el clásico “uf qué oportunidad perdida” hasta el “hay que ser muy tonto para decir que no al Real Madrid”.
      Yo también he vivido alguna anécdota en ese sentido.
      De hecho, desde que creé la empresa me pasa con cierta frecuencia. Si hay algo que mi socio y yo tenemos claro es que queremos elegir con quién trabajamos y en qué proyectos.
      Eso ha hecho que recientemente hayamos declinado trabajar con una empresa muy importante porque no nos convencía su forma de hacer las cosas.
      Sé que hay gente que pensará que estamos locos por decir que no a un trabajo, pero para nosotros es importante sentirnos a gusto con lo que estamos haciendo.
      Por lo que cuentas en tu comentario, comulgo con muchas de tus ideas: pese a que “solo” llevo trabajando algo menos de 20 años desde el principio tuve claro que no me gustaba quedarme mucho tiempo en una empresa. Algo que ha jugado en mi contra durante mucho tiempo cuando trabajaba por cuenta ajena ya que las empresas pensaban que era poco estable laboralmente hablando.
      Llevo más de 15 años trabajando en el área de RRHH y, al igual que tú, no soy especialista en nada. Todo lo contrario, mi perfil es totalmente generalista y puede hacer prácticamente todo en RRHH.
      Precisamente, esos dos aspectos los considero hoy en día cuna grandísima ventaja frente a otros perfiles: porque se me suele quedar estrecha rápidamente la zona de confort y porque he aprendido a crearme una especie de puerta giratorio que me permite entrar y salir de forma sencilla de mi zona de confort a la zona de exposición.
      Enhorabuena por haber aprendido a nadar entre cocodrilos.
      Un día quiero que me cuentes cómo lo haces 🙂
      Felices vacaciones!
      Isabel

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      1. Hola de nuevo, Isabel.

        Gracias por tus comentarios. Me alegra saber que tenemos principios parecidos y comparto contigo esa sensación de ser “el raro”, simplemente por tener unas ideas muy claras.
        Desde el primer día, tuve muy claro que eso de “estar para que me vea el jefe”, no iba conmigo. Nunca lo he hecho. Igualmente, hubo una época, aquí, en España, aunque a alguno le suene a chino, que cuando ibas a una entrevista de trabajo, se escandalizaban de que tuvieras intención de dejar la empresa en la que estabas. Algún tiempo después, esas mismas empresas prescindían de tus servicios sin dar tantas explicaciones y desde luego, ya no te preguntaban tonterías.
        Hace mucho tiempo escuché a un gerente, de una empresa americana, decir lo siguiente: ” O creces, o te vas”. Es un principio básico, elemental y sirve de igual forma a ambas partes, a la empresa y al colaborador. Tal vez, por ese tipo de pequeños detalles, las empresas americanas son lo que son y las españolas, no.
        De todas formas, en relación al apasionante mundo del trabajo, ya escribí hace años en mi propio blog. Si te aburres en vacaciones, te invito a que lo visites (http://carlosusin.blogspot.com.es/2011/11/reforma-laboral-vs-reforma-mental.html).
        Por lo que se refiere a los cocodrilos, la verdad es que es un chiste. Un chiste con moraleja.
        Había una vez una chica guapísima que además era la heredera de una inmensa fortuna amasada por el padre. Como es lógico, la niña tenía una galaxia de pretendientes.
        El padre, al objeto de seleccionar mejor al hombre ideal para su niña y para el negocio, ideó un plan.
        Hizo una macro fiesta en los jardines de su inmenso chalet, e invitó a los pretendientes y a sus familias. En un momento de la fiesta, interrumpió y les dijo a todos que le acompañaran. Entonces, les llevó al borde de una piscina de proporciones olímpicas, en la que nadaban varios cocodrilos. La gente, se empezó a poner nerviosa.
        “El que quiera casarse con mi niña, tendrá que tirarse a la piscina y salir vivo por el otro lado”, dijo sin pestañear. Mientras el silencio se adueñó de la fiesta, ya empezaban a darse la vuelta para irse cada uno a su casa.
        De pronto, se oyen unos gritos y en cuestión de segundos, ven salir de la piscina a un chico, con la ropa hecha jirones.
        El padre, se le acercó, le estrechó la mano y le dijo: “Tienes un par de agallas”, a lo que el chico respondió: “Yo, lo que me gustaría saber, es quién ha sido el hijo de Satanás que me ha tirado a la piscina”.
        Creo que esto responde a tu pregunta del final.
        Disfruta de tus vacaciones.
        Un saludo cordial.
        Carlos

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      2. Hola de nuevo Carlos, tras el parón del verano.
        Me encanta la frase esa de tu jefe:”o creces o te vas”. Lástima que no haya tantos directivos que lo tengan claro.
        Le echaré un vistazo a tu post y gracias por tus comentarios. Siempre es un placer poder tener gente que te aporta tanto de forma gratuita.

        Isabel

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  4. ¿Sabes una cosa Isabel? Que aunque, para como esta el patio, he encontrado un buen empleo, no se me va de la cabeza el proyecto que, día tras día, he ido diseñando al mismo tiempo que me formaba, durante mi largo periodo en el desempleo y cuando pienso en él, es como un subidón de ilusión al que se le suma el temor por lo desconocido, pero acompañado por la curiosidad de saber que me encontraré junto con el espíritu de aventura que me despierta; vamos, que sigo con su desarrollo, ya te contaré ¡gracias por todo!

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    1. Hola Gustavo:
      Creo que cuando a uno le empieza a rondar por la cabeza la idea de ser libre, de vivir sin esas ataduras profesionales es como si se infectase con un virus del que es difícil desprenderse.
      Solo puedo decirte que disfrutes de tu nueva etapa y que si pasado un tiempo sigues sintiendo esa sensación, te des la oportunidad de probarlo.

      Felices vacaciones!

      Isabel

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    1. Gracias Alicia. Lo acabo de leer y me siento plenamente reflejada.
      Afortunadamente no esperé a que me despidiesen y me fui cuando vi que ya no tenía ni la energía ni la ilusión de trabajar en una empresa, sino que quería probar otras formas de desarrollarme a nivel profesional.
      A día de hoy y tras 10 meses no puedo estar más contenta con mi decisión.

      Felices vacaciones!

      Isabel

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    1. Jajajaja Antonio. Seguro que no soy la única lo que ocurre es que no estamos acostumbrados a ir aireando a los cuatro vientos que nos gusta vivir de esa manera. Parece que lo lógico es aspirar a un contrato por cuenta ajena, y a ser posible indefinido. Cuesta trabajo pensar que haya gente que disfrute de la incertidumbre y de vivir de esta manera.
      Felices vacaciones!

      Isabel

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  5. Felicidades Isabel, a recargar las baterías y si es como comentas, se siente distinto estar afuera de la jaula de oro, es cómodo estar adentro y tener al final de mes para pagar las cuentas, pero la sensación de libertad, de decisión, de ser el profesional que sientes que eres y que debes ser, como dice el comercial; “no tiene precio”. Disfruta este tiempo y esperaremos tus letras hasta tu regreso.

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