El talento no tiene ni dueño ni amo

Hace varias semanas viví una anécdota un tanto singular en un autobús en Madrid.

Tuve que desplazarme varios días a Madrid por temas de trabajo y me gusta usar el transporte público para moverme por la capital.

Uno de esos días tenía una reunión en pleno centro a primera hora de la mañana. Ese día era frío y lluvioso y necesitaba coger un autobús desde la periferia hasta el centro.

Para mi sorpresa el conductor del autobús me “invitó” a abandonarlo ya que sólo llevaba un billete de 20€ para pagar el importe del viaje. La situación fue un tanto desagradable ya que me indicó que me bajase del autobús como si fuese una especie de polizón que intentaba subir sin pagar el billete.

El resultado de esto, aparte de tener que buscar una cafetería que me cambiasen a las 8 de la mañana, fue que llegué tarde y empapada a mi reunión ya que ese día llovía a mares.

Recuerdo que mientras esperaba el siguiente autobús decidí comentar lo que me había pasado en Facebook haciendo alusión a la falta de habilidades sociales que había mostrado el conductor en cuestión.

Una de las personas que me dejó un comentario, comentaba que la actitud de esta persona posiblemente se debiera al hecho de que el conductor no estaba bien valorado en su trabajo o que la dirección de la empresa no había hecho los “deberes” en lo que se refiere a poder motivar y crear un buen clima de trabajo.

Y es cierto.

En parte estoy de acuerdo con la responsabilidad de la empresa en lo concerniente a su capacidad para poder tener empleados motivados.

Tu valía como profesional depende sólo de ti

Sin embargo, soy de la opinión que necesitamos empezar a cambiar ciertos ideas caducas y trasnochadas fuertemente arraigadas en el ADN de empresas y colaboradores, donde parece que si éstos reacciona de una determinada manera es porque la empresa no ha hecho bien algo. Es decir, hemos asumido de forma natural la idea de que, como empleados, no tenemos prácticamente responsabilidad en lo que a nuestro desarrollo dentro de la organización. Es como si las personas fuésemos piezas de un ajedrez que las empresas manejan a su antojo, poniendo o quitando.

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¿En qué posición queda entonces los colaboradores? ¿Son simples piezas a merced de lo que haga, o mejor dicho, no haga la empresa para justificar su buen o mal desempeño?

Reconozco que es una postura bastante cómoda para las dos partes:

La empresa asume que su cultura organizacional es la que es y muestra poco interés en tratar de cambiarla. Al fin y al cabo quien quiera trabajar con ellos ya sabe lo que hay. Y el que no, pues eso. Ya sabemos cómo sigue la frase.

El trabajador que es consciente de la empresa en la que ha caído“, resulta curioso escuchar a veces conversaciones donde parece que uno no elige la empresa sino que le cae en suerte como si fuese una especie de lotería, puede elegir entre dos opciones:

  • Sumarse a la corriente habitual de la organización, lo que implica que si no le gusta la que le ha tocado, estará malhumorado, hastiado, frustrado, esperando a que venga alguien a rescatarle de la maldición que su trabajo le supone.
  • Ser consciente de que la valía que cada uno de nosotros tenemos como profesionales depende única y exclusivamente de nosotros mismos y empezar a trabajarlo de forma activa.

Una nueva oportunidad para el talento

Durante mucho tiempo las organizaciones han actuado como depositarias del talento de las personas cuando la realidad hoy en día nos está mostrando que no son más que simples usuarias de talento.

Somos las personas las que decidimos a qué empresa o en qué proyecto queremos utilizar nuestras habilidades y conocimientos.

Se que esta idea puede sonar un poco radical pero si lo analizamos detenidamente hay ciertos signos que nos empiezan a mostrar que puede ser ya una realidad:

  1. El fin del trabajo de por vida: una de las razones por las que durante mucho tiempo ha pervivido en las organizaciones la idea que éstas eran las dueñas del talento ha sido la propia concepción de que podías casi toda la vida en una misma empresa. Visto así parece lógico pensar que, a cambio de esa supuesta estabilidad le dieses a la empresa tu mayor activo: tu talento. Sin embargo la llegada del fin del trabajo de por vida anuncia algún cambio más como es el hecho de que los empleados vuelvan a retomar las riendas y empiecen a marcar los tiempos.
  2. El auge de la marca personal: cada vez más profesionales hacen una gestión activa de su marca personal. Eso implica, no sólo que son plenamente consciente de sus fortalezas y habilidades, sino que entienden que tener visibilidad y ser reconocidos como especialistas en su materia es un valor añadido para cualquier empresa que esté dispuesta a contratar sus servicios. De alguna manera hemos empezado a perder el miedo a vendernos y a decir que nuestro trabajo tiene un precio. Precio que fijamos nosotros, y no la empresa.
  3. Lo que antes valía, ahora ya no: los últimos años de larguísima crisis económica ha puesto en evidencia que los modelos tradicionales de gestión en las organizaciones no están funcionando, pese a que muchas de estas empresas se empeñan en seguir como siempre porque ya se sabe que “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Desafortunadamente conozco varios casos de empresas que han sido muy exitosas y que siguen aferradas a sus modelos esperando a que escampe la que está cayendo para seguir con su rutina.Cuando la realidad es que poco de lo que valía anteriormente seguirá funcionando igual, por lo menos como lo hemos conocido hasta ahora. El cambio y la incertidumbre han llegado para quedarse durante mucho tiempo.

Ahora más que nunca estamos viendo cómo las empresas se están sintiendo huérfanas de talento porque éste no tiene dueño ni amo.

Nos pertenece a cada uno de nosotros.

Sólo necesitamos decidir qué queremos hacer con él.

Soy el capitán de mi alma, soy el amo de mi destino. William Ernest Henley

 

Isabel Iglesias

 

Hoy quiero dejaros la felicitación de Navidad que hemos preparado desde Etrania Human Resources & Training: porque los sueños están para cumplirse…. Feliz Navidad!!!!


8 thoughts on “El talento no tiene ni dueño ni amo

  1. Se puede ser feliz sin talento, pero nunca sin pasión y la pasión es enamorarse de lo que uno hace, de un modo realmente absoluto. Aquello de lo que te enamoras, lo que se apodera de tu imaginación, afectará todo. Decidirá qué te hará salir de la cama por la mañana, lo que harás con tus noches, en qué emplearás los fines de semana, lo que lees, a quiénes conoces, lo que te parte el corazón, y lo que te deja maravillado de alegría y gratitud. Deja que lo que amas des lo que haces y eso decidirá todo.
    Excelente post.

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  2. Isabel, te felicito por este artículo. Ya basta de mitos trasnochados sobre lo absolutamente indefenso que está el empleado y lo absolutamente malvado que es el empleador. En las relaciones laborales no existen términos absolutos. Cada cual tiene su parte de responsabilidad. Hay empleados muy dañinos para sus empresas de la misma forma que hay empleadores muy tóxicos. Cómo dices, ‘Tu valía como profesional depende solo de ti’. Quien no cuida su imagen en una empresa (o sea, su MARCA PERSONAL!!!!!) no es un buen profesional para ninguna otra empresa.
    Ese conductor de autobús le está haciendo un flaco favor al servicio público de transporte. Me pregunto si repetiríamos en una panadería donde el dependiente o la dependienta nos hablase sin la más mínima emoción, con desgana. Desde luego yo no. Con el conductor de autobús es peor porque no tenemos elección y tenemos que tragar con lo que haya. En mi opinión, es de imperiosa urgencia la instauración de sistemas de evaluación del desempeño en los servicios públicos.

    Un saludo,
    Dani

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    1. Hola Dani:
      Totalmente de acuerdo contigo.
      Pienso como tu, que estamos tan acostumbrados al doble papel empresa mala-empleado bueno que empieza a ser un poco cansado ver cómo de forma repetitiva hay personas que se empeñan el colgarle el muerto a los mismos de siempre.
      Creo que este juego nos ha venido muy bien a todos: empresas y empleados. Al fin y al cabo ha sido una excusa para unos para seguir haciendo tropelías y para otros, para hacer recaer en la empresa la responsabilidad de su valía profesional.
      Como tu dices, si hubiese sido un dependiente de una panadería no habría vuelto nunca y ya está. Lo malo es que era el transporte público y nos guste o no, no nos queda más remedio que aguantarnos. Quiero matizar en favor de empleados de otros transporte públicos, concretamente el metro de Madrid, que su atención fue exquisita.
      Al final no es cuestión de sectores ni de empresas sino de personas.
      Gracias por pasarte Dani!!!

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  3. Isabel, no entiendo cual es el problema con el conductor, o como intenta enlazar esta historia con el suceso del autobus

    Los autobuses tienen normas, y los conductores han de hacer que se cumplan. No tiene usted idea de cuantas personas con billetes de 20 euros hacen que cientos de trabajadores lleguen todos los dias tarde a trabajar porque se empeñan en que el conductor se salte las normas, seria como decirles, saltese el semaforo en rojo que llegamos tarde, supongo que esa norma nos parece mas norma que la de no dar cambio.

    Por otro lado, parece que usted le cupla de llegar empapada, quizá con la previsión de un paraguas no le habria pasado.

    Le aseguro que lidiar con toda la gente que sube al bus y no liarse a tortas con nadie es un gran talento. Se lo dice alguien que coge 4 autobuses al día desde hace unos 10 años.

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    1. Hola Maria:
      Posiblemente no he sido capaz de explicarme con claridad. La historia del autobús no deja de ser una anécdota. Lo que he tratado de contar en el post es la idea que una persona me apuntaba cuando escribí lo que me había pasado en Facebook. Y es el hecho de esta persona decía que la actitud del conductor se debía a que no estaba motivado o que su trabajo no era importante.
      Lo que querido transmitir es que, evidentemente, como profesionales que somos trabajando en una empresa tenemos que respetar unas normas. Ahora bien, cada uno de nosotros tiene la potestad de decidir como queremos hacer ese trabajo.
      Volviendo al asunto del conductor, pienso que había otras opciones, como decirle a alguien si me podía cambiar por ejemplo.
      Afortunadamente tengo en mi red de contactos a un grandísimo profesional que se dedica a conducir autobuses de pasajeros y en palabras de esta persona: “la solución NUNCA pasa por dejar al viajero en tierra teniendo en cuenta las circunstancias”.
      Mi comentario inicial en Facebook sobre este suceso se apoyaba en el hecho de que este conductor no había tenido en cuenta la hora, que estaba lloviendo a mares y que no había marquesina en la que resguardarse.
      Estoy contigo en que no puedo responsabilizarle de mi falta de previsión al no coger un paraguas ese día pero si de su falta de tacto al echarme del autobús.
      En definitiva, no es lo que dices sino cómo lo dices.
      Gracias por tu comentario y por pasarte por el blog.

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  4. Isabel:
    ¿Crees que jugamos a “soga-tira”? ¿tiramos unos para cada lado? ¿la falta de esa seguridad, en ambos sentidos, no debía ser suficiente motivación como para “ponernos las pilas?
    Acabo de tropezar con otra reflexión de Tom Wise:
    “6 claves del éxito:
    – Los empresarios cuidan a su gente
    – La gente cuida a sus clientes
    – Los clientes cuidan sus ingresos y la rentabilidad
    – La rentabilidad cuida de las inversiones
    – Las inversiones cuidan la reinvención y la innovación
    – La reinvención y la innovación cuidan el futuro”

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    1. Hola José Joaquín y bienvenido de nuevo al blog.
      Si que pienso que es un poco el soga-tira que comentas.Como comentaba un poco más arriba respondiendo a Daniel Sánchez Reina, creo que es algo que tanto empresas como empleados han usado, utilizado y exprimido hasta la saciedad porque a todos nos convenía.
      Lo que ocurre es que las reglas del juego han cambiado y eso hace que todos estemos un poco despistados en este sentido.
      Gracias por aportar las 6 claves del éxito de Tom Wise.
      Isabel

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