El día que regalé mi suerte

Desde hace algún tiempo vengo escuchando el término suerte con mucha frecuencia, sobre todo si está relacionado con el mundo laboral.

Es frecuente escuchar frases del estilo “a ver si tengo suerte y consigo tal cosa” o “qué suerte tiene Fulanito, le sale todo redondo” o la mejor de todas “es que no tengo suerte”.

Reconozco que hace unos años me llegué incluso a definir como la “Reina de la mala suerte”. Durante esa época de mi vida, creía que todo y todos se habían confabulado a mi alrededor para que no me saliese nada a derechas. Parecía que todo lo que intentaba nacía ya torcido y dificilmente se enderazaba.

Solía fijarme en los demás y me daba la sensación que el resto del mundo tenía “mucha más suerte que yo”.

Lo cierto es que ese pensamiento tóxico me acompañó durante bastante tiempo en uno de mis peores momentos a nivel personal y profesional.

Tiempo después descubrí que ese tipo de pensamientos son bastante útiles para dejar de asumir la responsabilidad de lo que hacemos y dejarla a algo tan etéreo como es el azar.

Resulta más fácil echarle la culpa de lo que nos pasa a cualquier cosa que reconocer que somos nosotros los que creamos la buena o la mala suerte

Si hay algo que he aprendido desde entonces es que la suerte, ya sea buena o mala, no existe. Como mucho hay momentos adecuados o poco adecuados que podemos aprovechar, o no.

La suerte como tal no deja de ser una oportunidad que decidimos utilizar o una decisión que tomamos en un momento dado.

Cuando empecé a ser consciente de todo esto decidí dejar de pensar en la buena o mala suerte como algo que me llegaba producto del azar o de conexiones cósmicas para crearme yo la suerte.

Porque si hay algo que tengo claro es que podemos crearnos la suerte, o más bien fabricarnos las condiciones para que lo que nos suceda lo etiquetemos  como bueno o malo.

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Y ahora llega la pregunta clave, ¿cómo puede crearse la suerte?

Lo que voy a contar aquí no es más que mi propia experiencia y unos cuantos años de practicar, probar, acertar, equivocarme, atreverme y volver a tropezar. No es una fórmula mágica. Sólo son mis experiencias, mis aprendizajes, mis logros y mis decepciones analizadas.

  1. Yo creo bastante en la suerte. Y he constatado que cuanto más duro trabajo, más suerte tengo. Thomas Jefferson. Creo que esta frase define claramente lo que es la suerte. Curiosamente todos los casos que conozco de gente con “suerte” son personas que se esfuerzan mucho en su trabajo y trabajan muy duro por conseguir sus objetivos.¿Eso es suerte o más bien constancia y empeño?.
  2. Marcarse un objetivo e ir a por él. Parece una obviedad pero la dispersión de objetivos suele ser la causa más habitual de malestar o de falta de buena suerte. Cuando he tenido ocasión de comentarlo con alguien, es frecuente encontrarme con que la persona se encuentra embarcada en múltiples “aventuras”, lo cual hace que concentrarse en un objetivo y llegar a conseguirlo se convierta en una ardua tarea. Al final lo que queda es la sensación de iniciar muchas cosas y no llegar a nada.
  3. Aprender a desarrollar la resiliencia o la capacidad de sobreponerse a situaciones adversas. ¿Quién dijo que conseguir lo que uno quiere es fácil? ya empieza a ser molesto la más que continua idea de que el resto del universo consigue lo que desea  a la primera y sin dificultad y si tu no lo consigues es porque claramente hay algo que no estás haciendo bien. Este tipo de ideas forma parte de ese pensamiento que se genera en torno a que “sudar la camiseta” es cosa del pasado. Realmente es un gran esfuerzo sobreponerse ante los obstáculos del camino y las dificultades hasta llegar a tu objetivo. Pero es justamente eso lo que hace que llegar a la meta resulte tan satisfactorio.
  4. Disfrutar del camino. Si hay algo que he descubierto a lo largo de estos años es que aprendo más del camino hasta llegar a mi objetivo que del hecho en sí de haberlo conseguido. El camino hasta llegar hasta lo que uno se ha marcado está lleno de desafíos, momentos duros, aprendizajes y satisfacciones que merece la pena ser vividos y que, con posterioridad, te ayudarán en otros momentos.

Es por eso que hace mucho tiempo decidí regalar mi suerte.

Porque la suerte no es más que la maravillosa combinación de esfuerzo y sueños .Tweet:Porque la suerte no es más que la maravillosa combinación de esfuerzo y sueños _iglesias_al

Isabel Iglesias

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9 thoughts on “El día que regalé mi suerte

  1. Yo soy de los que piensan que la suerte no es una causa, sino una consecuencia. Tienes suerte si has salido favorecido de las circunstancias externas que no dependen de ti, pero éstas no cambiarán porque tú tengas suerte o no.
    Saludos.

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    1. Gracias Eugenio por tus palabras. Yo tampoco creo que la suerte sea una causa. Sin embargo la mayor parte de la gente piensa que tener o no suerte es algo más achacable al azar y a causas exógenas que a lo que cada uno de nosotros podemos hacer para cambiar las circunstancias.

      Gracias por pasarte y dejar tu comentario.

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