Los directivos también lloran

Hace unas semanas me reencontré con un colega de RRHH. Le había perdido la pista debido a que había dejado su empresa y, salvo algún contacto por mail, no habíamos tenido ocasión de reencontrarnos en persona.

De todas las cosas de las que estuvimos hablando, la que más me impactó fue su relato de cómo había llevado a cabo la reestructuración de plantilla en la empresa en la que trabajaba.

La empresa, debido a su situación económica había tenido que hacer un ajuste de plantilla muy importante.

Si bien es cierto que tanto los empleados como los sindicatos entendieron la situación financiera de la empresa, eso no quitaba que para él, todos y cada uno de los empleados que fueron desepedidos eran personas con nombre y apellidos.

Recuerdo cómo me contaba el día que preparó las cartas de los empleados y decidió despedirse uno a uno de cada uno de ellos(de unos cuantos cientos de personas). Era el Director de RRHH y consideraba que era su responsabilidad, aunque fuese moral. Podía haber entregado las cartas sin mas y haberles dicho lo que tanto tiempo llevamos oyendo ” ya sabes, la crisis”.

Los conocía a todos y quiso darles la mano a cada uno de ellos y despedirse en persona. Quiso mirarles a la cara, darles las gracias por los años de trabajo dedicados a la empresa, por su dedicación, por su esfuerzo….. en definitiva dedicarles unas últimas palabras.

Aquella noche durmió mal y las siguientes, ya que entre todas las personas a las que tenía que comunicar el despido estaba él. Aún así quiso sobreponerse a la situación y mandarles un mensaje muy claro a todos los trabajadores: yo también soy uno de vosotros aunque vista corbata y traje y trabaje en un despacho.

Recuerdo que cuando me lo contaba todavía le brillaban los ojos a pesar de que ya había pasado bastante tiempo.

20060317203712-despidoDespedir forma parte del trabajo de los Directores de RRHH. Lo llevamos haciendo mucho tiempo aunque últimamente parece que se ha convertido casi en nuestro único cometido.

Que lo hagamos con tanta frecuencia no quiere decir que estemos habituado a ello ni mucho menos. Es más, para mí cada vez es más dificil. Cada vez más sabemos que el único motivo por el que despedimos es por la necesidad de ajustar los costes salariales.Ya no quedan motivos objetivos como puede ser un bajo desempeño ó porque la persona no encaja en el puesto. Lo que hace que la situación sea cada vez más dura.

Que duda cabe que la desvinculación del empleado con la empresa es un hecho traumático, no sólo por la pérdida de ingresos que supone, sino por la sensación de no saber qué hacer al día siguiente, por no tener que hacer una serie de cosas a las que estás habituado como sentarte delante de tu mesa, contestar al teléfono….. Pequeños detalles que empiezas a darte cuenta porque ya no los volverás a hacer, por lo menos en la empresa en la que has estado trabajando.

Y una vez llegada a la decisión de tener que despedir sólo queda elegir la forma de hacerlo. En esto, a lo largo de los años de carrera profesional que llevo, he visto de todo. Yo he despedido y también me han despedido y soy de la opinión que es un trago amargo que puede y deberia hacerse con tacto.

Y es justamente ahí donde los Responsables de RRHH tenemos una gran responsabilidad para con los empleados. En los años que dura la crisis económico he leido y visto situaciones rocambolescas: desde empleados que al ir a abrir la puerta de la oficina no les funcionaba la tarjeta, ordenadores que no se encienden al meter la clave ó con un mensaje “contacte con RRHH”, despidos comunicados por correo electrónico……

Supongo que estas deben ser las maneras más sencillas para la persona que lo tiene que comunicar,. Al fin y al cabo no tienes que mirarle a los ojos a la persona y decirle que mañana su vida cambiará, que ya no hace falta que madrugue y venga a trabajar. Te ahorras las lágrimas, los ” y por qué yo”, “qué he hecho mal”, ” qué voy a hacer ahora”,las miradas de indiferencia……

Pues yo no me quiero perder ninguna lágrima, ningún reproche, ninguna pregunta…Quiero estar ahí para decirles a mi gente que, por mucho que quiera ponerme en su lugar, no puedo imaginarme lo que están sintiendo pero quiero sentirlo, quiero que me lo cuenten, quiero que sepan que estoy ahí para lo que necesiten.

Porque mi responsabilidad empezó el día que los contraté y el día que salgan de la empresa quiero que la ultima mano que estrechen sea la mía, que su último beso de despedida sea el que yo les de.

Porque nosotros también lloramos.

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11 thoughts on “Los directivos también lloran

  1. Hola Isabel
    He sentido muy cercano tu comentario. Como parte de mi responsabilidad me ha tocado despedir a mucha gente, incluso en empresas entradas en crisis y quizás es la parte mas ingrata de la labor y que nos pone en un papel de “villanos” o ejecutores que pocas personas llegan a comprender. Sin embargo como bien decían las demás personas no debemos perder nuestro sentido de humanidad y además de la empatía ya que la persona que tenemos al frente es un ser humano como nosotros, con sus problemas, su familia, sus proyectos y todo lo demás. Debemos siempre tratar de aconsejar o asesorar a nuestros superiores o empresarios, de una manera coherente y viable, que este debería ser el último recurso, pero que si fuera necesario recomendar las mejores prácticas. Además creo que quienes deben comunicar el término de la relación laboral son los propios jefes y nuestro papel debe ser asesorarlos (y quizás entrenarlos) para que sean los directos responsables de esta comunicación; probablemente y en algunos casos nuestra participación como responsables de RRHH se daría como soporte.
    Gracias por al artículo, y por la reflexión que ha originado

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    1. Hola Ricardo:
      Me alegro que te haya llegado al corazón el post. Esa era mi intención. Quería hacer un post sentimental y “llorón” porque creo que necesitamos una llamada de atención sobre esa labor. Se que hay personas que se van a su casa por la tarde y no les afecta lo más mínimo, o eso parece. Pero también conozco otros muchos que se quedan “tocados” tras realizar despidos, pensando en qué será de esa persona. Hoy el Linkedin he leido en comentario de una persona que me ha encantado. Decía que los mejores Directores de RRHH son los que menos se involucran con los colaboradores.

      Gracias por pasarte y por compartir con todos tu experiencia.

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  2. Me ha gustado mucho el artículo Isabel, aunque ha reabierto una vieja herida: mi despido.
    Aunque fue una total sorpresa (para mí y para todos), con sólo 3 días de preaviso y en un momento muy muy inoportuno (prefiero no dar más detalles) al menos la persona que me contrató fue quien me lo comunicó, mirándome a los ojos y con un brillo en los suyos. Lo que nos dijimos en esa entrevista tuvo significado para mí. Yo volví a mi oficina y continué trabajando hasta el final de la jornada, hablando con compañeros como si nada, seguí trabajando esos días y cerrando todos los asuntos… recuerdo que hasta dejé dos informes acabados para el comité directivo del mes siguiente! El último día llevé preparados de casa dos emails de despedida (uno para socios, clientes…) y otro para los compañeros, para que lo supieran todos a la vez y no se sorprendieran cuando me fuera despidiendo de uno en uno, como así hice después, recogí muy pocas cosas y me fui. En aquel momento me pareció lo normal, nunca me habían despedido y obré como creía debía hacerlo. Con el tiempo me he dado cuenta que no es lo normal y que incluso, mi actitud serena pudo molestar aunque no entiendo por qué. Lo que sí sé es cómo me sentía esos tres días, aquel vacío inmenso que se abrió frente a mí.

    Son momentos duros y me imagino que los profesionales que tenéis que hacerlo lo pasáis muy mal.
    Lo importante es hacerlo desde la honestidad y sinceridad. Lo demás ya no está en vuestras manos.
    Un abrazo.

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    1. Hola Elsa: No puedo decir qué se lo que sentiste porque creo que las emociones son muy personales. Sí puedo decirte que a mí me despidieron también y que fue una sorpresa. Lo “gracioso”del asunto es que en la misma semana que me despidieron me habían promocionado. Ironías del destino o de la estrategia empresarial. El caso es que el Director General que fue el que me promocionó no tuvo el valor de decirmelo y mandó a otra persona a que me lo comunicasen. Fue muy duro. Entiendo esa sensación de vacío que comentas se abre en ese momento, los comentarios de la gente, las miradas…
      Yo recogí mis 4 cosas y me marché. Me despedí de muy poca gente y me pasé todo el viaje de vuelta a casa llorando. De hecho me pasé llorando 3 días sin consuelo.
      Con el tiempo he podido colocar las cosas y doy las gracias por el despido. Era una empresa tóxica, llena de gente tóxica. ¿Cómo iba hacer políticas de RRHH en una empresa así?
      Fue lo mejor que me pudo pasar y doy gracias por ello, pero me lo tuve que currar mucho y aprender a gestionar mis emociones.
      Hoy por hoy no cambio nada porque incluso cómo me despidieron me ayudó a saber cómo no quería comunicar un despido.

      Gracias Elsa por compartir con nosotros tu experiencia. Y sobre todo te agradezco haber abierto así tu corazón.

      Isabel

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  3. Hola Isabel.

    Quiero pensar que la mayoría de directivos en RRHH tienen esa sensibilidad que describes. Lamentablemente yo he conocido a algunos que se vanagloriaban de la cantidad de personas que habían despedido, y cuanto más alto el número de bajas, más notoria era su cara de orgullo.
    Lo mismo he detectado en algunos directores generales y otros cargos directivos.
    No son excepción. En base a mi experiencia son el 50%, estadísticamente.
    De la misma manera que nos encontramos políticos, empresarios, sindicatos, conocidos, vecinos, y transeúntes que no demuestran sensibilidad ante hechos dolorosos, lo mismo ocurre con nuestros directivos. Porque salen de nosotros, de los ciudadanos. Ergo, proyectando estadísticamente, podemos concluir que el 50% de la ciudadanía muestra altos índices de insensibilidad. Esto explica muchos acontecimientos de la Historia.
    También explica nuestra mediocridad sociológica para el liderazgo. Solo se puede liderar desde el respeto y la sensibilidad. Si nos falta uno de los dos, nos convertimos en máquinas de mandar y nos jactaremos del número de víctimas que hemos generado.

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    1. Hola Daniel:
      Pues no te creas que tienen esa sensibilidad. He visto de todo en estos años. Y como tu comentas parece que hay personas que lo de despedir, como decía un jefe que tuve, “les pone”.
      Creo que hay formas y formas de hacerlo. La elección es muy personal: puedes elegir que te vean como un auténtico cancerbero o puedes optar por demostrar sensibilidd en esos momentos. Creo que es algo que deberían enseñar en las escuelas de negocio, además de hacer planes estratégicos. Todavía no nos hemos enterado que el principal activo son las personas y que no son números que añadir a una lista.
      Gracias Daniel por pasarte.

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  4. Hola Isabel,

    Sin duda se trata de una de las funciones más dificiles a las que hay que enfrentarse cuando te dedicas a esta profesión. Yo tuve que realizar un seminario sobre como Comunicar este tipo de noticias para que no me afectara emocionalmente e intentar realizar “una digna comunicación” , porque realmente me sentia totalmente derrotado cuando se tomaba la decisión de despedir a un empleado o de comunicar que el contrato no se transformaba en indefinido y no renovaba (despues de un año de haber trabajado excepcionalmente).

    Cuando se abria un nuevo centro de trabajo se realizaban procesos de Selección agotadores… hasta encontrar el mejor talento, y se conseguia contratar a fántasticos empleados. A los candidatos seleccionados se les realizaba un seguimiento por parte del reclutador durante meses, eran tus candidatos, los habias seleccionado tu mismo para formar parte de tu equipo, veías como crecian dentro del puesto… pero en ocasiones las previsiones de venta no acompañaban al buen hacer de los trabajadores y se tenia que reducir la plantilla de trabajadores.

    Creo que es el único aspecto de RRHH al que nunca lograré habituarme.

    Un saludo.

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    1. Hola Víctor: Yo, pese a los años que llevo haciendolo, sigo sin acostumbrarme. Y no sólo eso sino que cada vez me cuesta más. Para mí la parte dura no es la de comunicarlo. Ahí me siento fuerte. Para mí lo dificil es el después, ese rato en el que te quedas a solas contigo mismo y piensas en esa persona, en cómo estará.
      Los últimos despidos que hice, hace tan sólo unos pocos meses, un compañero cuando me marchaba me sonrió y me dijo “vaya día duro”. Volví llorando como una magdalena a casa de vuelta en el coche.

      Gracias por tu comentario y por compartirlo con todos nosotros.

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  5. Así es Isabel: forma parte de nuestro trabajo y debemos aceptarlo así. Y el día en que no nos duela, más vale que nos hagamos mirar inmediatamente el corazón porque seguramente lo hayamos dejado olvidado en algún cajón de nuestra atalaya.
    No sólo necesitamos tacto para despedir; también es obligatorio el corazón, la cabeza, la empatía,….; la humanidad como dice nuestra común amiga Elsa.

    Bravo por tu artículo.

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    1. Qué bien dicho Myriam. Me ha encantado como lo has expresado.
      Es cierto, el día que me deje de doler será que ya he dejado de sentir y ese día me retiraré de los RRHH para hacer calceta o algo así.

      Gracias guapa por estar siempre ahí.

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