¡Emocionate! o cómo gestionar adecuadamente las emociones en la empresa

Esta semana he leido una noticia acompañado de un video que me ha llamado la atención. Se trataba de la presentación por parte de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Saenz de Santamaría, de las condiciones de acceso a las viviendas del Fondo Social por parte de familias en dificultades.

Lo llamativo del asunto es que los medios de comunicación han puesto el acento en que la vicepresidenta en una rueda de prensa ¡se ha emocionado!. ¿tan extraño es que las personas demuestren sus emociones en público? ¿ o por el hecho de que sea la segunda persona con más poder en este país, no le está permitido demostrar sensibilidad hacia un tema que es tan delicado?

Por lo general cuando leemos que alguien se ha emocionado automáticamente tendemos a pensar que ha soltado alguna lagrimita. Nada más lejos de la realidad. En definitiva emocionarse implica demostrar un sentimiento o una emoción del tipo que sea.

Este hecho me ha hecho reflexionar sobre la gestión de las emociones en las empresas. Al fin y al cabo un político realiza un trabajo muy similar al de un mando intermedio o un responsable: gestionar una unidad de negocio.

Y no es que en las empresas vayamos sobrados de emociones precisamente, sobre todo teniendo en cuenta los tiempos que corren.

Si hay una situación donde se requiere una adecuada gestión emocional hoy en día es en el proceso de desvinculación de un empleado de la empresa; es decir, en el despido.

Desafortunadamente nos hemos acostumbrado a convivir con los despidos, tantos los empleados como las empresas y la sociedad en general. Raro es el día que no oimos en los medios de comunicación noticias de una empresa de gran tamaño que decide reducir su plantilla de forma drástica. El hecho de que nos hayamos acostumbrado y que asistamos resignados a este desfile de personas hacia las oficinas del paro no deja de ser uno de los peores tragos, tanto para el que lo comunica como para el que lo recibe.

En los años que llevo trabajando he tenido que hacer muchos despidos, muchos más de los que a mí me habría gustado. Y a pesar del tiempo que llevo haciéndolo me sigue resultando un momento dificil

Recuerdo en especial un despido de una persona que fue despedida porque sí. Vamos, que no había motivos salvo el puro capricho del Gerente de la empresa. Fue especialmente dificil porque, por un lado yo tenía que defender la posición de la empresa y por otro, no estaba en absoluto de acuerdo con la situación.
Explicarle a esa persona que al día siguiente no iria a trabajar fue dificil pero lo fue más no poderle dar motivos claros e intentar no herir su autoestima.
Ahí es cuando la gestión emocional entra en juego y me permitió poder hacerlo sin que me afectase demasiado y animando a la persona a continuar adelante y pasar página.

Lamentablemente no siempre sucede así. Recientemente un medio de comunicación bastante conocido había decidido prescindir de parte de su plantilla, comunicándolo¡ por email¡. Está claro que ahí hay poco gestión emocional porque por no haber no hay ni siquiera contacto con la persona afectada.
Hay casos incluso peores. Este verano una universidad despidió a parte de su plantilla cuando estaban de vacaciones y los afectados se enteraron cuando vieron el ingreso de las indemnizaciones en su cuenta corriente.

Y si puede producir tantas ventajas una adecuada gestión emocional, ¿por qué nos cuesta tanto?

Básicamente porque significa que una parte de nostros queda expuesta a los demás y si hay algo que al ser humano le cueste hoy en día es exponerse o atreverse. O lo que es lo mismo: la posibilidad de perder el control.

Tras haber vivido unas cuentas situaciones y haber tenido la posibilidad de trabajar con muchas personas he extraido lo que para mí es la base de una adecuada gestión emocional en cualquier ámbito de la vida:

Conocete a ti mismo: aprende a reconocer tus propias emociones,  a saber cómo actúan y te influyen. Esta es la parte más importante y a la vez más dificil ya que requiere reunir mucha información sobre uno mismo. El problema es que en ocasiones las personas nos ven de manera diferente a como nos percibimos nosotros e incluso ven cosas sobre nosotros mismos que no conocemos. Esto es debido a que todos tenemos una parte que desconocemos y que los demás sí ven. La mejor manera de poder ampliar esa parte es pidiendo y aceptando feedback(retroalimentación) sobre nosotros. El único inconveniente es que no siempre estamos preparados para escuchar lo que los demás ven en nosotros mismos.

Conoce cómo construyes tus propias emociones: cada persona tiene una manera diferente de crear y percibir las emociones. Aunque hablemos de la una determinada emoción que tenga la misma etiqueta, digamos malestar, cada uno la vive de una manera diferente. Además, las emociones dibujan una curva ascendente en su manifestación. Es decir, empiezan con una serie de síntomas físicos muy suaves que van agrandandose hasta que alcanzan el climax y de ahí vuelven a bajar. La mejor manera de reconocer una emoción es conocer cuales son esos síntomas físicos que van aparejados. Yo trabajé con un jefe que cuando se estaba enfadando se le ponía roja la calva y las orejas con lo que cada vez que lo veimos tardamos varias horas en cruzar palabra con él hasta que se le pasaba el enfado.

Empatiza: o lo que es lo mismo, ponte en los zapatos de la otra persona.
En la magnífica pelicula Invictus, el capitán  del equipo de futbol decide ir a visitar la prision en la que estuvo encerrado tantísmos años Nelson Mandela. Esa experiencia le permitió conocer de primera mano el sitio donde estuvo confinado y por lo tanto entender un poco más qué podía sentir una persona condenada a vivir entre 4 paredes por razones absurdas.

Se asertivo: expresa tus ideas, emociones y opiniones de manera clara y sencilla teniendo siempre en cuenta a los demás. Eso no significa decir lo que los otros quieren oir sino decir lo que tu quieres decir sin necesidad de herir al otro en la comunicación.
En la película “ En busca de la felicidad” hay un maravilloso ejemplo de comunicación asertiva.

Y si Soraya Saenz de Santamaría puede emocionarse sin caer en la sensibleria en un tema tan delicado, ¿acaso no podremos hacerlo nostros en el día a día en nuestras empresas?

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